“Taxation without representation”

Analizando el convulsionado panorama del medio oriente, muchos politólogos se han preguntado por qué esta región tan rica no solo en términos culturales y además en recursos naturales es la única región en el mundo que aun no logra consolidar regímenes democráticos estables y duraderos. Una cuestión que me llamó bastante la atención de las posibles respuestas, es que muchas tendrían bastante que ver con casos similares en Latinoamérica, y particularmente el peruano.

Una de las principales hipótesis para justificar la falta de democracia en el medio oriente, es una relación directa entre la falta de democracia y la falta de ciudadanía dada vía los  impuestos. Esta relación parece obvia, sin embargo, la ciudadanía precede a la democracia. En países como los del medio oriente, con vastos recursos en petróleo y gas, y abundantes ingresos por estos conceptos, muchos países árabes se dan el lujo de no cobrar impuestos, una herramienta fundamental cuando de reforzar la ciudadanía se trata. Los impuestos desde mi punto de vista son herramientas fundamental de nexo ciudadano entre el gobernante y el gobernado, pues cuando su dinero esta en juego el ciudadano tiende a involucrarse más en el acontecer de su país, en el empleo del mismo y por ende exige derechos y asume responsabilidades.

En el caso de los países árabes, muchos de estos no cobran impuestos, por lo que tienen un aparato estatal con altos ingresos por conceptos gasíferos y petroleros y un estado que no tiene la necesidad de responder al ciudadano pues no le debe nada a este (es decir no le cobra impuestos, ni viceversa). En esta relación tenemos a un ciudadano pasivo, acostumbrado a recibir de las rentas petroleras, conformado con el accionar de un gobierno que hace obra (como Emiratos Árabes Unidos) pero cuyo índice democrático e institucional es bajísimo. Son ciudadanos resignados, pues la tiranía no la pagan ellos directamente con sus impuestos.

En Latinoamérica podemos encontrar casos similares como el venezolano, en donde el porcentaje de ingresos del gobierno por concepto de impuestos es bajísimo comparado a los ingresos por renta petrolera, factor que no obliga al gobierno venezolano a responder por el dinero (que siendo de todos no es de nadie) y a los ciudadanos que esperan recibir sin dar mucho. Generando una relación de indiferencia, de falta de ciudadanía y abriendo camino al populismo y a los regimenes autoritarios, además con las arcas llenas de dinero para financiar la represión y la reelección.

Si en el Perú nos preguntamos porque nuestra democracia no esta consolidada, la respuesta es porque falta ciudadanía (en términos politológicos) ¿Y porque falta ciudadanía? Porque gran parte de nuestra economía es informal, ósea no pagamos impuestos, y la mayoría de los ingresos de nuestro estado son por conceptos de renta minera. Mientras no exista en el Perú una relación de dar y recibir entre el ciudadano y el estado, no habrá una relación que promueva la ciudadanía y la fiscalización del gasto. Seguiremos teniendo entonces un derecho redistributivos como el que mencionaba De Soto en “El Otro Sendero” en donde solo nos dedicamos a redistribuir privilegios que provienen de rentas externas. Y bajo este marco se permitirán los abusos de poder, que son la base de los regimenes autoritarios y la decadencia de la siempre frágil democracia.

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