Moralismo vs. pragmatismo

La divisiones siempre han abundado en este tragicómico país. El tenso proceso electoral es la prueba irrefutable de estas divisiones irreconciliables que ahora se encuentran concentradas en dos posturas, a juzgar por la primera vuelta nada alentadoras para la mitad del cuerpo ciudadano.

El proyecto nacionalista ha venido “destiñéndose” cada vez con más ahínco de su imagen radical, con el apoyo de clases medias e intelectuales. Sobre todo a nivel de provincias le otorgan el beneficio de la duda, mientras que en otros sigue levantando suspicacias. Los escépticos vienen argumentando que es simplemente la segunda fase de un eleborado plan de imagen y simpatía. Sea cual sea la verdad, no está dando los frutos deseados o no al ritmo que requiere la candidatura nacionalista a estas alturas. El elemento moralista ha solidificado en cierta medida la credibilidad de Humala, minada por la incetidumbre, que esta a su vez ha sido generada por la sucesión de diversos planes de gobierno culminada en la “Hoja de ruta”. Esa solidez que endurece, mas no impulsa o adhiere, que es en todo caso lo necesario para que el panorama les sea a los nacionalistas más propicio.

En tanto al fujimorismo, este ha decido no deslindar con su penoso pasado o purgar a sus fantasmas. Atribuyo una actitud pragmática a esto último -tal medida sería equivalente a un harakiri electoral a estas alturas, por la posibilidad de decepcionar a su voto duro. Sin embargo, ha sido hábil en la evasiva; aunque nunca faltan declaraciones cómicas, y luego de escucharlas por segunda vez, resultan estremecedoras, como la consabida “nosotros matamos menos”. Keiko y su comando de campaña deben aguantar la zozobra, que vendrá reflejada por ejemplo en manifestaciones sindicales y universitarias como la del día de ayer en el centro de Lima. Son una muestra de una ola que puede barrer con sus castillos en la arena. Además, no pasa por inadvertido el silencio casi de monasterio de la mayoría de medios de comunicación respecto a las vulnerabilidades del fujimorismo. El contraste de la iracunda arremetida contra Humala encabezada por Jaime Bayly en la televisión sólo hace más evidente una parcialización que Fuerza 2011 debe empezar a considerar más perjudicial que benéfica, ya que no pocos intelectuales o personas lo preciben, lo critican y lo señalan.

El apoyo de determinados círculos ilustrados a la candidatura de Ollanta Humala responde a una causa autodenominada de moral. Estos estudiosos son quienes tienen la más prolija y detallada información sobre todos los atropellos realizados durante el fujimorato, además de un sentido de ciudadanía que otorga amenudo la vida académica; en consecuencia, sus reparos en dar el visto bueno a Keiko Fujimori son lógicamente mayores, además de ser alérgicos al círculo de potenciales autoridades que acompañan a la candidata. En un país con un paupérrimo sistema educativo el impacto de los intelectuales es reducido, en tanto estos no lleguen a la juventud, porque una vez que llegan a los jóvenes el mensaje cobra bríos. El conocimiento hace la función de dinamita, los jóvenes de encendedor. Respaldo esta observación personal en los fenómenos electorales que fueron Susana Villarán y PPK, pese a la derrota de este último -atribuible quizá a un tardío despegue y a la fragmentación de las posturas democráticas.

Si bien desde hace dos semanas los números parecen casi inmóviles, en un país con el grado de volubilidad electoral como es el Perú lanzar un pronóstico muy anticipado es impropio y es imprudente. Además, se ha comprobado que pese a sus esfuerzos desbordados ninguno de los dos candidatos podrá terminar de convencer a sus detractores de un “cambio”, en el caso de Humala, o de un alejamiento decisivo con el fujimorismo en el caso de Keiko. Si tenemos que referirnos ahora a otros ejemplos que sustenten esta antítesis entre el pragmatismo y el moralismo podemos reducirnos a las medidas empleadas por los contendores: Keiko buscando mantener el perfil de un gobierno más estable y de continuidad, ha posicionado públicamente a Hernando de Soto -reconocido tecnócrata- y a R. Giulianni, ex-alcalde de Nueva York. La reciente declaración de Pedro Pablo Kuckynzki diciendo que votará por ella sedimentan esa imagen fría, tecnocrática, monolítica y “económicamente correcta” que la hace mantener sus nuevos adeptos que se quedaron sin candidato en la primera vuelta.

Ollanta Humala y su equipo por su parte, a través, de un juramento simbólico con biblia en mano y frente a una audiencia intelectual, demuestra mayor interés por el almidón, por mostrar una imagen mansa, dócil, redimida y ahora salvaguardada por pensadores que certifican este viraje en favor del Perú. El más claro ejemplo de esto es el spot que ha lanzado Mario Vargas Llosa exhortando a los televidentes a votar por la postura nacionalista. Los resultados de esto son ambiguos, porque Vargas Llosa es al instante frenado por sus declaraciones anteriores en contra de Humala y cualquier clase de nacionalismo -tan criticado por él, incluso en su discurso en la ceremonia del Nobel-, aunque del otro lado el eco y la redundancia desproporcionada de Bayly muestran la peor cara de una estrategia que combina desesperación y bidimensionalidad mediática.

 

Sin más que señalar por el momento, resumo según mi parecer esta campaña en un encarnizado duelo de proyectos opuestos y de imágenes distintas, pero sobre todo, la divergencia en las estrategias. Moralismo vs. pragmatismo es lo más apropiado, creo yo, para resumir esta amalgama.

Escrito por Aldo Cisneros J.

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7 respuestas a Moralismo vs. pragmatismo

  1. Marcelo Rochabrún dijo:

    Me ha gustado mucho la manera en que expones ambas candidaturas, y estoy totalmente a favor de la lógica que sigue tu artículo. Sin embargo, tu conclusión me parece un tanto facilista y carente de la rigurosidad que tiene el resto de tu artículo. Digamos que en términos generales estoy de acuerdo con los dos adjetivos que usas para concluir, pero que necesitan precisiones. Sobre todo el moralismo del voto por Humala.

    A mi modo de ver el voto por Fujimori sí es pragmático pero por lo menos a dos niveles diferentes. En las clases más altas tienes lo que Julio Cotler llama el voto para preservar el status. La clase alta pretende preservar lo ganado, y los arribistas de la clase media superior tienen la esperanza de concretar su crecimiento en los 5 años que se vienen.

    Pero por otro lado en las clases más bajas hay un voto por la memoria de la pacificación y del clientelismo institucionalizado de los 90s. El gobierno de Fujimori se caracterizó por sus viajes a todas las provincias, evidenciando su centralismo. A esto lo ayudó la falta de los gobiernos regionales que existen ahora que han hecho la presencia del presidente un tanto menos visible.
    Por estos motivos, estos votantes consideran que el lado positivo del gobierno de Fujimori tiene mayor peso que el lado negativo.

    Es decir, el voto es pragmático sí, de todas maneras, pero cabe la pregunta si estos dos tipos de pragmatismo son compatibles entre sí. A mi parecer no. Si bien las masas estuvieron relativamente contentas en los 90s y hubo crecimiento económico, la reducción de la pobreza estuvo estancada durante la mayor parte del tiempo, el malestar escondido detrás del clientelismo. Ya no es viable un modelo sin reducción de pobreza.

    A lo que voy es que el voto por Keiko Fujimori es un voto unido en su pragmatismo pero fragmentado en sus causas, las cuales deben ser diferenciadas.

    En el caso del voto a Humala, no me parece tan moralista. Humala no representa a un hombre intachable, como sí representan algunos de los intelectuales que lo apoyan. Su entorno tampoco lo es con personajes como Salomón Lerner G o el propio Nicolás Abugattas que se ve tan calmado en estas elecciones pero estaba totalmente fuera de control en el 2006.

    El moralismo solo existe en el anti-Fujimorismo militante de estos intelectuales, mas no en su apoyo a Humala como alternativa. Se trata de una cruzada que no ve en el proyecto de Gana Perú la alternativa adecuada, pero necesita crear esta alternativa viable cueste lo que cueste pues la otra opción es simplemente no negociable. Es un intento de hacer de Humala algo que no lo era antes de la primera vuelta: una propuesta política, moral y económicamente viable.

    Este apoyo es desesperado en su anti-Fujimorismo, pero también desesperado en desterrar al “Humala del pasado” (si es que tal concepción existe) por ser el Humala inmoral e inviable. La consecuencia son las pujanzas mediante las que surgen los cambios de plan que se dan y luego no se dan, a un ritmo desenfrenado, casi como las hormonas de un adolescente. Pero en estas pujanzas se reconoce que la candidatura de Humala no representa una opción moral para los nuevos jales, por eso la necesidad de cambio tan bien resumida en el ya muy manipulado verbo de “concertar”.

    Pero todos estos argumentos solo llegan a una mínima clase ilustrada que no representa ninguna mayoría. La gran reserva de votos Humalistas está en provincias ignoradas, con falta de educación y con recuerdos traumáticos de la pacificación que les impide el voto por Fujimori. Este voto es más resentido (con derecho) que moralista.

    Entonces como yo veo las cosas el voto por Keiko Fujimori es pragmático a dos niveles distintos, mientras que el voto por Ollanta Humala es sólo ínfimamente moralista y mayoritariamente un voto en pos de la inclusión social.

    • Estimado Marcelo:

      Como indicaba por otro canal, yo también lamento que la exahustividad analítica no se haya presentado en todo el artículo por la misma extensión a la que me veo supeditado. Coincido contigo cuando señalas que el “moralismo” respecto a la opción nacionalista deriva de el nuevo entorno académico que se ha enrolado junto a Humala no por su gran carisma o irrefutable decencia -de hecho esta última cualidad es altamente cuestionable- si no porque estos académicos e intelectuales consideran aún más cuestionable y nosciva de forma tangible la candidatura de Keiko Fujimori.

      Si bien la gran base del apoyo humalista se centra en provincias de la sierra sur que han pasado un proceso traumático -más allá de la violencia interna-, el apoyo de una clase ilustrada genera que lo que hasta hace una semanas era un eminente reclamo popular pasara a ser una posición compartida por el “vulgo” y algunos de sus pensadores selectos -claro que como ya se indicó, ambos grupos tienen motivos distintos para apoyar a Humala-

      En tanto a Keiko Fujimori son ciertos los niveles que señalas pero añadiría un tercer grado de pragmatismo que es de los jóvenes de clase media que ven amenazado su “porvenir” ante un eventual ascenso humalista, no olvidemos la gran convocatoria juvenil que logro Pedro Pablo Kucynski y que esta misma agrupación juvenil cohesionada hasta ahora votará casi en su integridad por Keiko Fujimori.

      El debate puede ser aún largo y tendido, pero creo que estos han sido los puntos primordiales.
      Saludos a nombre de P.F

      Aldo.

    • Martha dijo:

      Realmente en cualquier parte del mundo cuando de elecciones generales, municipales o provinciales se trata, sale a relucir lo más rastrero de cada oponente.Quizas el Perú no queda eximido sobre este tema, ningún candidato merece confianza para asumir la responsabilidad de seguir en la línea de país emergente , potenciar los recursos propios y disminuir las grandes diferencias sociales que existe sobre todo en lo económico, educativo y social del país. Todo candidato promete el oro y el moro asumido el cargo se olvidan de las promesas. A nuestro parecer cada postulante debería presentar sus patrimonios personales para saber que tienen y con que se van luego. Debería existir una ley que les obligue cumplir con lo prometido. La ignorancia dicen es la madre de todos los vicios, nosotros decimos que los únicos ignorantes son aquellos que desean o codician el poder ya que no saben que el futuro del país siempre depende de quien lo gobierne !!basta ya!! pueblo peruano agudizar bien donde irá vuestro voto no os dejeis engatuzar por ninguna promesa, estudiar estas como la viabilidad de ello para el futuro de todos vosotros.

  2. Alonso dijo:

    El mejor artículo de la página en la temporada electoral.

  3. Joel dijo:

    “el impacto de los intelectuales es reducido en tanto estos no lleguen a la juventud, porque una vez que llegan a los jóvenes es cuando el mensaje, o la figura cobra bríos, el conocimiento hace la función de dinamita, los jóvenes de encendedor. Respaldo esta observación personal en los fenómenos electorales que fueron Susana Villarán y PPK, pese a la derrota de este último -atribuible a un tardío despegue y a la fragmentación de las posturas democráticas-.”

    Este respaldo que haces en base al fenomeno electoral de Villaran mas que ilustrar la participación de los jovenes en política muestra el fracaso que genera llevar a jovenes mal informados y facilmente influenciables, con colores vistosos canciones y un supuesto antioligarquismo, a participar de este evento democratico y hacer que su consumacion sea desfavorable para el crecimiento del pais. Durante la corta gestión de Villaran se vela ausencia de mantemiento en parques y veredas notables alrededor de la via expresa y demas partes del centro de lima, existe a su vez numerosos despidos de trabajadores en estas areas, existe segun encuestas un 40% de desaprobacion a su gestion que no cumple con las espectativas de sus votantes. Su llegada fue por el respaldo de muchos jovenes que se animaron a participar en politica; pero realmente se animaron a participar o simplemente era bonito tener un pin verde en su mochila y facebook? realmente se sentian comprometidos a un cambio o eran facilmente influenciados por los programas de Bayly que metia a Villaran en la cabeza de todo su audiencia joven? eso es realmente que los jovenes sean el encendedor de las ideas de muchos intelectuales?? o mas bien son el encendedor de cualquier idea populista que satisfaga sus ganas de un consumismo insasiable de lo que genera tendencias de moda? Es muy bien sabido que no tenemos jovenes metidos por complete en politica por muchos años y atribuir tal importancia a los jovenes de ahora es algo demasiado exagerado e impresiso, mas bien vemos a jovenes altamente que buscan simplemente tendencias en las cuales se ven reflejados y los llama la moneria y pomposidad de las campañas; ya tienen ahi todo el consumismo masivo que genero PPK y sus ppkuys y diversos suveniers, hasta los peluches se vendian junto a los afiches y la gente consumia. Creo mas bien que tenemos a jovenes consumistas propios de este siglo y su funcionamiento en politica no es trasendental, puede que considerable pero en tendencia negativa por su poca informacion y ganas de poder tener un criterio imparcial y conformarse por el respaldo absoluto a las masas.

    • Joel:

      Agradezco tu parecer y que lo fundamente. Es verdad el caso Villarán hago alusión a una gran base de apoyo joven que estuvo comprometida durante la campaña, que esta misma masa juvenil no se haya mantenido ligada al movimiento que apoyaron en un inicio responde a múltiples factores que mi columna “Moralismo vs pragmatismo” no tenía por propósito detallar, pero en respeto y agradecimiento a tu observación señalaré los factores que tengo en consideración: Además de la volatibilidad y la posibilidad de “más moda que compromiso”, siento que la misma división que sufrió Fuerza Social tras su triunfo en las elecciones municipales no sólo minó su credibilidad y capacidad de obra y maniobra, sino que también desilusionó deprisa a algunas bases intelectuales o enérgicas, mientras que los idealistas y otros más ligeritos que la apoyaron por ser la “tía bacán”, serían los primeros en romper vínculos, haciendo de su compromiso una mera llovizna de un día.

      El ejemplo fue utilizado para ilustrar de forma cercana algunas movilizaciones juveniles independientemente de su duración, vigencia, o solidez.. La misma cohesión de los PPkausas estará puesta a prueba los siguientes días, para asumir si su acción será algo consecuente o depende del merchandising que ofreció su candidato mientras estaba vigente. En otras palabras, la movilización juvenil es real más sus alcances y posibilidades que estas últimas terminan dependiendo realmente del grado cultural y enérgico que posean las bases más allá de un caudillo o d euna cúpula de dirigentes juveniles. El tema en sí es fascinante y sería un privilegio tratar desmenuzarlo en una siguiente columna. Saludos cordiales.

      Aldo Cisneros J.

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