El tema fuera del discurso: la pendiente reforma del estado

En esta segunda vuelta electoral hemos oído promesas muy tentadoras por parte de los dos candidatos. Mejorar las carreteras, mejorar la educación y la salud, “hacer llegar el crecimiento a todos”, entre otras muchas ofertas, algunas más concretas y otras un tanto más abstractas. Diría que en esta campaña hemos estado sino en el absurdo del populismo, al menos al borde del mismo.

El gran problema con todas estas promesas, es que más allá si son posibles de cumplir o no, generan una amplia expectativa en la población, la cual luego es “desilusionada”, generándose conflictos sociales y descontento. Ejemplo de esto lo vemos hoy en día en la abrumadora desaprobación que tiene la alcaldesa de Lima, quien la gente creyó podría resolver los problemas de la capital en un día. Típico ejemplo de lo desastroso que pueden ser las sobre expectativas y el voto emocional.

Ahora vayamos a lo concreto del asunto: ¿Cómo es que estos candidatos van a cumplir todo lo que prometen? Aquí hay dos temas fundamentales que pueden ser decisorios en su futura popularidad y que serian además los ejes centrales de la viabilidad de sus propuestas: la reforma del estado y dentro de esta la reforma tributaria.

Un estado con abundantes recursos provenientes del alto precio de los commodities pero sin un estado eficiente capaz de ejecutar adecuadamente este dinero, pronto será un estado visto como ineficiente, burocrático y poco moderno. Un estado propenso al conflicto y al descontento social. Es fundamental que se ponga sobre el tapete la reforma administrativa del estado, que es lo que se piensa hacer para mejorar y hacer más competitivos sus procesos de licitación y como se pretende garantizar que el estado este provisto de técnicos buenos que le permitan realizar a cabalidad sus funciones. Al fin y al cabo la impresión que la mayoría de los ciudadanos tiene de su estado, es la ventanilla de una entidad publica en donde uno tiene que hacer unas colas espantosas, le brindan un mal servicio y encima no le resuelven sus problemas, pues bueno, ¿Cómo queremos así tener una buena relación con el ciudadano?

Un estado ineficiente en términos administrativos no podrá realizar todas las promesas que haya hecho, y luego no será un estado capaz de generar nueva riqueza y nuevos ingresos que le permitan independizarse de los commodities y de las pocas grandes empresas que hoy pagan impuestos, es decir, un estado ineficiente no podrá llevar adelante la tan importante reforma de la formalización.  Esta reforma, como ya explicamos en artículos anteriores, es indispensable para garantizar la viabilidad económica a largo plazo de todo estado moderno. Un estado en donde, como en los países más desarrollados, los ingresos de su caja fiscal se deban a las contribuciones de sus ciudadanos y no a los altos precios internacionales de los metales. Esto sin una reforma administrativa profunda del estado no será posible de realizar.

Aquí tenemos un tema fundamental que no se ha tocado mucho en esta campaña, y que cuando alguno de nuestros dos candidatos se siente en el sillón de Pizarro el 28 de Julio, verá que son temas más que indispensables para el futuro éxito de todo gobierno que pretendan emprender.

Por Alejandro Cavero Alva

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