El peligro de quedarse con una sola historia

Faltan pocas semanas para la segunda vuelta de la eleccion presidencial. En vez de tener un confrontación de ideas, hemos visto un sin fin de ataques basados en falacias: ad hominem, ad baculum, ad populum. Hemos escuchado, desde el flash electoral, que la mayoría de electores que no votaron por Keiko o Humala en la primera vuelta y que son el sector demográfico que decidirá la elección, dicen que ellos no eligen por quién votar, sino que eligen por quién no votar.

Tenemos frente a nosotros un escenario poco alentador. Una vez más eligiremos al mal menor, pero es aquí donde nace mi temor: el temor de que basemos nuestro voto en prejuicios heredados, en información tergiversada, en vendettas personales, en miedo. Que cegados por nuestros propios beneficios nos olvidemos de la razón por la que estamos en esta situación para comenzar: la fragmentación social de nuestro país. Supongo que mi mayor temor es, que nos quedemos solo con una historia de cada candidato, y que nuestro voto se derive de esta.

Cada candidato viene con su cuota de prejuicios, con su pros y contras, con su grupo de intelectuales que los justifica y protege. Tenemos de cada candidato una sóla historia. Ya sea que eligamos a uno o decidamos viciar el voto, o simplemente pagar nuestra multa y no votar, lo hacemos por una idea nublosa presente en nuestra memoria. El sólo mecionar de un nombre trae consigo una bagage memorial compartida. Keiko es la hija de su padre, la sucesora de la dinastía Fujimori, la representación de 10 años de corrupción, de violación de Derechos Humanos, de un gobierno autoritario, de delitos que muchos no podemos perdonar; Humala es el soldado con influencias chavistas, el retroceso de no sólo una década, sino tres: el sinsabor de una dictadura velasquista, y es también alguien en que no sabemos si podemos confiar, que cambia de opinión como cambia de medias. Esos son nuestros candidatos, y esa es la sola historia que yo tengo de ellos. 

Chimamanda Adichie, la persona que en un discurso nos advirtió del peligro de una historia única, nos dice: “la historia única crea estereotipos, y el problema de estos no es que sean falsos, sino que son incompletos”. Cada uno tiene su propia historia, su propia arista de visión de estas personas, pero ¿cómo nos damos cuenta de que sólo tenemos una historia? ¿Cómo superamos esto? Me parece primordial dejar de lado nuestras ideas preconcebidas, tratar de sobreponernos a este sentimiento inherente de nuestra sociedad, de sólo pensar en nuestras necesidades y buscar más historia, enriquecernos de varias experiencias, no sólo quedarnos en lo superficial, sino ahondar más en nuestra reflexión, sobre una decisión que tiene en sus manos nuestro futuro. Creo que es válido tener prejuicios, pero en una disyuntiva tan importante como esta, creo también, que estos no pueden ser la base de nuestra decisión. Así, que les urjo que busquen más perspectivas, que no se queden solo con la que tienen, porque el resultado puede ser un desastre más en nuestra memoria.

Escrito por Araceli Pinto Corrales

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