ESPECIAL: Perú Futuro entrevista a Karlos La Serna, economista y docente de la Universidad del Pacífico

Karlos La Serna Studzinski es profesor y economista. Tiene títulos universitarios en las carreras de Negocios Internacionales y Economía, y un magíster en Educación Superior de la Universidad Cayetano Heredia. Actualmente trabaja como docente e investigador en el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.

Nuestra Constitución Política manifiesta que la educación tiene como finalidad el desarrollo integral de la persona humana. ¿Qué cosas implica un desarrollo integral?

A nivel teórico, implica que todos los ámbitos de la cultura, y lo que los sociólogos llaman como socialización, sean abarcados en el proceso educativo, en lo que se llama proceso formativo. Formar es diferente a instruir: instruir está orientado a adoctrinar, dar una única ideología, dar preguntas y respuestas únicas. Educar es contribuir al desarrollo. Una persona se desarrolla cuando no solo su parte intelectual se fortalece sino también su parte emocional, social. Esto está asociado a descubrimientos que han sido desarrollados en las últimas tres décadas tanto en la psicología, pedagogía, como en las distintas disciplinas que están asociadas a los temas de desarrollo. El ser humano es integral y es complejo, y la conducta no se puede manipular ni forzar. Eso no es sano para contribuir a la inserción del hombre en la sociedad.

Esto termina remontándonos a las tradiciones que la historia ha demostrado como ricas y efectivas a nivel cultural, a nivel del desarrollo de civilización. Por ejemplo, está la tradición griega, que plantea la idea de que un cuerpo sano alberga una mente sana. Esto es en esencia la formación integral. O sea, que la persona termine sus procesos educativos formales no solamente con conceptos, ideas, hechos, datos, no solo con procedimientos, saber sumar, restar, multiplicar, dividir, resolver ecuaciones; sino también con valores y virtudes, y que haya tenido acceso al desarrollo de lo que hoy en día se conoce como las diferentes inteligencias. Porque no solo hay una inteligente reconocida por la ciencia como la inteligencia de razonamiento lógico-abstracto, sino que también existe la inteligencia emocional, la social, la auditiva, la kinestésica… El cuerpo también debe desarrollarse. Debe desarrollarse nuestra sensibilidad artística, debe desarrollarse nuestro sentido histórico, debe desarrollarse nuestro compromiso con la solución de los grandes problemas sociales. Cuando esos desarrollos se han alcanzado o son fomentados se dice que la educación está siendo integral.

El año pasado terminamos, con Ana María Becerra, un estudio que identificaba las competencias o desempeños más demandados por las empresas más importantes del país. Tomamos un grupo de empresas que son las principales empleadoras de los egresados de la [Universidad del] Pacífico y otro grupo de empresas que están en la punta del ranking de las más grandes empresas del país. Encontramos que entre ambos grupos había la misma necesidad en cuanto a las características del personal que ellos buscaban, pero que además buscaban un conjunto de desempeños, de características de personalidad, que eran indispensables para el éxito en estas grandes corporaciones: capacidad de comunicarse, de moverse en todos los niveles intelectual y socialmente, poder conversar con gerente general como también con un operario, saber transmitir ideas, sintetizar, exponer, mucha capacidad analítica, mucha capacidad para trabajar en equipo sobre todo en equipos interdisciplinarios. Lo que te están diciendo es “no solo busco un economista, un ingeniero, un biólogo, yo busco una persona que tenga la mente ordenada y que tenga otras habilidades que son indispensables para la marcha de la organización”.

Esto en pequeño refleja lo que la sociedad le pide al individuo. Debe ser integral, no solo debe tener un conjunto enorme de conocimientos, sino que debe haberlos procesado, asimilado, debe tener habilidades, destrezas, actitudes, valores. Y eso solo se consigue con una educación integral, que estaría caracterizada en que el proceso educativo desde la etapa de la educación inicial, a lo largo de toda la secundaria, y la preparación para el resto de la vida no descuida ámbitos que se distancian de la parte netamente cognitiva, sino también rescata espacios para el desarrollo de las habilidades interpersonales, del trabajo en equipo y la comunicación.

Al hablar de una mejora en el sistema educativo, se pone énfasis en el cumplimiento de la reciprocidad enseñanza-aprendizaje. ¿Cuáles cree usted que son los pilares primordiales para que esta reciprocidad se cumpla?

Claro, el contexto emisor –receptor, es la manera más simple, y a veces burda de ver la educación. Si el receptor no tiene las condiciones para aprender, no va aprender, más allá de la calidad de la enseñanza. Esto termina apuntando a que la educación es un sistema –por eso se habla del sistema educativo–, y ahí afecta la salud, el entorno, la cultura, la economía, los incentivos para el desempeño de los docentes…

La nutrición en efecto influye, en un país en conde uno de cada cinco niños es un desnutrido crónico, los procesos de aprendizaje se dificultan. Ahora, hay que reconocer que esto ha tendido a sobredimensionarse, sobre todo por el lado de los docentes. Los docentes peruanos, cuando aparecen los resultados de la educación de nuestro país a nivel internacional, cuando nos damos cuenta que solo uno de cada diez estudiantes comprende lo que lee, terminan diciendo “claro, es que los niños son desnutridos”. Ok, eso contribuye, pero no es el único motivo.

Un segundo motivo es la falta de incentivo para introducir y retener docentes de calidad. Lamentablemente la profesión educativa ha tendido a denigrarse. Ya los mejores estudiantes, los primeros puestos de nuestros colegios, no deciden estudiar educación, a diferencia de décadas atrás; quieren estudiar economía, ingeniería, negocios, que son carreras más lucrativas y mejor remuneradas en promedio en el mercado laboral. Entonces el sistema educativo ahuyenta a los mejores. Hay que darle incentivos adecuados, y esos incentivos empiezan por la parte remunerativa. Pero, mientras no haya un sueldo decente por méritos, no puedes darles de un solo porrazo a todos. Hay que evaluarlos y a los mejores premiarlos.

Hay que fomentar la competencia, porque algo que se ha encontrado en el caso de secundaria, es que un profesor que viene de un campo afín a materia que enseña, tiene un impacto significativo sobre el aprendizaje. Por ejemplo un ingeniero enseñando matemáticas, un especialista en literatura que enseñe comunicación, tienen un impacto importante, y no se les ha dado la facilidades ni los espacios para que se inserten en el sistema educativo público adecuadamente. Hay una especie de monopolio controlado.

El 95% de canadienses eligen la educación pública para sus hijos porque es de alta calidad, mientras que en otros países la mejor calidad educativa lo da el sector privado ¿Cuál es su opinión acerca de la privatización del sector educativo?

Siempre que se fomente una sana competencia los resultados van hacer buenos, en términos generales. Hay que tomar con cautela los modelos foráneos, hay que ver qué es aplicable y qué no. Lo que pasa es que en Canadá y en muchos países de Europa la recaudación de impuestos es mucho más fuerte, lo que permite que el estado ofrezca mejores servicios, que compiten o superan al privado. Lo mismo pasa con Autralia. Son países en donde la recaudación tributaria es más fuerte, son países en donde ha habido condiciones previas que se han cubierto, como por ejemplo reducir la informalidad –es la informalidad la que no tributa– y esto permite ampliar la base tributaria y los recursos para el gobierno que puedan redistribuirse de modo más eficiente, mejor. En este país es necesario formalizar, recaudar más, organizar mejor, informar.

Hay un sistema de bonos que se aplicó en Chile, mediante el cual un padre de familia podía decidir el colegio donde enviaba a su hijo. Esto determinaba que el colegio reciba más bonificación en función de la calidad. También exigía información: el padre tenía que saber los resultados de los escolares cada colegio. En efecto, en Chile una vez al año los estudiantes dan un examen anual para ver sus conocimientos, y esto te da indicadores, te da señales, de que una organización lo hacer mejor que otra –hay que aprovechar las virtudes de esta y corregir de aquella lo que está fallando. Se puede ser eficiente pero además es necesario generar más recursos. Las dos medidas son indispensables, en el Perú no vas a poder mejorar educación si no generas más riqueza. Esto es un círculo virtuoso: mejoras educación, lo que te permite seguir generando más riqueza, distribuirla mejor, lo que genera más recursos para la educación. Es un proceso circular.

Últimamente se habla de que en los tres últimos años de la secundaria se van a fortalecer cursos y talleres los cuales van a ayudar a insertarse al mercado laboral, como es en el caso de Japón. ¿Cuánto podría ayudar esta propuesta?

Hay una idea hace décadas que habla de la formación laboral, formación para el trabajo. En realidad, una persona que redacta bien, que analiza bien, que maneja bien sus operaciones elementales básicas y que hoy en día tiene además buen dominio de las redes informáticas tiene las condiciones mínimas para insertarse en el mercado laboral, sobre todo en el nivel operativo –o sea, no va a ser un gerente, para eso necesita formación adicional. Eso no debe descuidarse: por dar lo uno no debe dejarse lo otro.

Pensar que las matemáticas, la abstracción, los cursos difíciles, no son importantes no es correcto. Son fundamentales, ayudan a ordenar la mente. Hay un humanista del siglo 16, Michel de Montaigne, que decía en sus ensayos que “más allá de generar cabezas bien llenas hay que generar cabezas bien hechas”. Entonces, el ejercicio disciplinado de la gramática, del cálculo, de la aritmética, el algebra, ayuda a ordenar la mente. Aparentemente todo esto es inaplicable, pero te da orden mental.

Hay condiciones mínimas que no deben descuidarse y que más bien deben garantizarse. Es necesario iniciar una especie de revolución que empiece a atacar lo elemental. Lo elemental es buen manejo del cálculo, buenas habilidades comunicativas –no solo gramática, sino también saber expresarse– y capacidades analíticas, de memoria y de razonamiento mínimas. Si a eso le sumas un conocimiento de cómo poner una empresa, cómo funciona el mercado, cómo poner un negocio, cómo formalizar, cómo pagar tus impuestos, eso va a ayudar, pero no por introducir eso debes descuidar lo otro.

Usted, como docente, ¿qué incentivos proporciona a los alumnos para que estén motivados y sean competitivos?

Siempre hay que mirar la respuesta en el contexto. Yo tengo la suerte de trabajar en una institución en donde los alumnos tienen un altísimo potencial, y de modo paralelo tienen incentivos muy fuertes que están asociados al enorme esfuerzo que hacen muchos de sus padres para poder pagarles una educación de calidad. Lamentablemente mi situación es privilegiada, pero no es representativa. Eso pasa en pocas universidades de nuestro país. Pasará en la PUCP, en la Universidad Cayetano, en la Universidad del Pacífico, en algunas de las públicas, pero no puedo generalizar.

Lo que sí reconozco es que en ese contexto no hay mejor incentivo que hacer cercano el conocimiento a la necesidad del estudiante. El gran problema de la enseñanza hoy en día es que los cursos son percibidos como distantes e inútiles. El rol del docente es encontrar cómo mostrar que la asignatura tiene un rol en el desarrollo del estudiante.

Entonces, es un proceso que combina ciencia y arte. Cada profesor va a tener que, primero, entender la necesidad de su grupo, conocerlo, aproximarse a ellos, y en función de eso adaptar su enseñanza. Si no entiendes al estudiante, sus inquietudes y sus problemas, no vas a poder establecer un buen nexo. Y no se trata de un nexo en el cual el profesor transmite ideas y el alumno recibe pasivamente, sino que el alumno puede estar escuchando pero empieza a integrar, se cuestiona, critica, se ve motivado a preguntar. Eso es algo entre ciencia técnica y arte que cada profesor debe encontrar.

Si mañana fuera candidato a la presidencia, ¿cuáles serían sus propuestas para mejorar la educación peruana?

Yo empezaría por un esfuerzo para ampliar el presupuesto. Sería muy radical. Finalmente, los cambios importantes exigen medidas radicalmente prudentes, no radicalmente insanas o atrofiantes. Yo creo que en un país como el Perú, reduciría drásticamente el presupuesto en armamento y lo destinaria a la educación. Todo lo que pudiera reducirse lo asignaría al sector educativo.

Combinaría el aumento de sueldo a los docentes con incentivos para premiar el buen desempeño y el rendimiento del estudiante. Mejor que evaluar al docente es evaluar su trabajo, y uno se da cuenta de la calidad de la enseñanza, del docente, cuando el estudiante aprende. Y eso es fácil de hacer. Es fácil de evaluar conocimientos mínimos, y si un estudiante termina la secundaria y no sabe realizar operaciones matemáticas elementales, o estructurar de manera muy simple una oración, significa que todo el trabajo que ha recibido de decenas de profesores ha sido inútil y ha perdido su tiempo. Y eso debe desincentivarse. Mas bien, el profesor el que logra que el alumno aprenda, que se involucre en el tema, que alcance un estándar mínimo, no injusto o abusivo, debe ser reconocido. Empezaría por ahí.

Y lo segundo, fortalecería la educación multicultural, que es una carencia en nuestro país. No estamos preparando, siento yo, ciudadanos para hacer un mejor Perú. Entonces, hay que dar más espacios de educación integral. Fortalecería el desarrollo del arte y la música, promovería más talleres, e inclusive en la educación secundaria buscaría más espacios, llamémosles de “cursos electivos”, para que, por ejemplo, un alumno pueda, con un bono que da el estado, ir a un taller de ballet, de música, de danzas folklóricas, de arte, y en función de su desempeño tener una nota que sea reconocida como parte de su educación escolar. Es decir, no solamente dar un estándar sino también dar la posibilidad de elegir. Nuestra educación escolar no te da la opción de elegir, y las personas deben estar acostumbradas a tomar elecciones por su cuenta, a evaluar si prefieren deporte o arte, ciencia o literatura. Sí hay que generar un espacio de elección, y hay que generar una educación más democrática.

Entrevista por: Valeria Terrones
Edición por: Manuel Ferreyros y Valeria Terrones

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