Ollanta, Keiko y el voto vinculante

¿Y Ahora? ¿Todos al puente Villena? Pues no; en primer lugar porque hay vallas plásticas, y en segundo, porque aún hay mucho por hacer.

Los discursos de cada candidato son conocidos. Keiko Fujimori apuesta por un modelo económico continuista que fomente la inversión extranjera, mientras que Ollanta Humala plantea un modelo económico que busque fortalecer la industria nacional con algunas estatizaciones; ambos juran lealtad a la democracia y distribución. Por otro lado, a ambos se les atribuye un doble discurso. A Humala por sus ideas “pasadas”, sus vacilaciones para firmar el Pacto por el Perú propuesto por Pedro Pablo Kuczynski, y principalmente, por las incoherencias con su plan de gobierno. A Fujimori por estar rodeada de las mismas personas que convivieron con la corrupción sistemática y la conducta dictatorial del gobierno de su padre. Así, la segunda vuelta demanda actualmente una labor poligráfica por parte del electorado.

La incertidumbre política es  una constante en el Perú, y siempre ha causado estragos. Estamos acostumbrados a que el “mal menor” sea la aliteración más dolorosa del idioma castellano, a comprar pasajes de ida para el extranjero y a querer meternos a la cama y despertar cinco años después. Son muy comunes también el voto en blanco y el voto viciado, como voz de protesta. Pero en vista de que este es el mejor momento de la historia del Perú, y de que “blanco” y “viciado” no son personas con facultades de presidir un país, propongo un voto distinto: el voto vinculante.

El voto ha sido desde los inicios de la democracia representativa un acto que se agota en el momento de efectuarse; es decir, uno elige y espera que quien lo represente haga lo que prometió, pues no hay efecto vinculante ni en la inscripción del plan de gobierno, ni en la juramentación, ni en ninguna instancia anterior al ejercicio del poder. Por supuesto que existe el congreso, que fiscaliza en representación del electorado al mandatario, pero todos sabemos que nunca fue así ni lo será en este quinquenio. Ha sido, además, entendido como un acto por el cual uno expresa apoyo o afinidad hacia la persona por la cual uno vota. El hecho de que estos aspectos del voto sean reales no quiere decir que no pueda haber una concepción de voto distinta.

Ante un escenario de difícil elección, el voto vinculante se dirige en primer lugar a una persona, la que uno crea que hará mejor al país. No es un voto de afinidad, y, ciertamente (pues rompería con toda practicidad de la democracia representativa), tampoco tiene efecto vinculante en sentido jurídico. Es un voto que calcula el mal menor, y a la vez compromete al votante a ser una oposición responsable, para que ese mal sea realmente el menor posible. En pocas palabras: votar no implica avalar.

La razón por la que abogo por este voto es porque, aunque algunos piensen lo contrario, el Perú de hoy no es el mismo de antes. Es un país partido, sí, que ha alzado su voz de protesta, pero la sociedad civil es más fuerte, y las condiciones de terror que, por ejemplo, en 1992 incentivaron el apoyo popular a la dictadura, no son la mismas. Además, como producto de la era informática que vivimos a través de las redes sociales, la juventud de hoy tiene una voz más fuerte y participativa que nunca.

No pretendo ser en exceso optimista, pero creo estar seguro de  que este camino es mejor que la indiferencia. La realidad es que en estas elecciones a muchos nos entristece lo que le espera al Perú, pero también es verdad que la batalla por un país justo y honesto no está perdida. Votemos, una vez más, por el mal menor, pero esta vez con la cara en alto, prestos a ser la oposición más organizada, responsable y firme que haya tenido este país.

Artículo por Juan Ignacio Chávez

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2 respuestas a Ollanta, Keiko y el voto vinculante

  1. Es muy cierto que debemos elegir entre dos candidatos, pero, en realidad, más del 50% de la población no votará por el mal menor, sino por el candidato que “lo representa”. No obstante, los que ven con recelo y a su vez “elegirán el mal menor” de las candidaturas de Humala y Keiko son aquellos que han expresado insatisfacción ante los resultados de primera vuelta. Por ello, no creo que estas elecciones sean vistas como un mal menor.

    • Las definiciones abstractas del “mal” o el grado de perjucio que pueda hacer una vez en el poder uno u otro candidato, es relativo. Como bien indicas alrededor del 50% del electorado los tiene en su preferecnia indiscutida, pero pareces olvidar que ambos son los dos candidatos que comparten las mayores resistencias -si examinamos en las encuestas la pregunta categórica “¿Por cual de los sgtes candidatos nunca votaría?”-. Los dos contendientes de la segunda vuelta encabezan estas resistencias, el problema esque esa resistencia se erosionó en tres candidaturas diferentes, eso por el lado de los vencidos. Por el lado de humalistas y fujimoristas diríamos que para ellos no es un “mal menor” sino un “todo o nada”, ya que está el candidato que despierta fervor en ellos y a la vez su antípoda. Saludos.

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