¿Y cuál es el mal menor?

“La elección por el mal menor”: Esta frase tan bien aprendida en nuestros vocabularios y tan bien aplicada en nuestro panorama electoral, sólo confirma una vez más la podredumbre sobre la que pretendemos edificar instituciones y cierta noción de patriotismo, el cual junto con las palabras democracia e inclusión y un kilométrico etcétera, únicamente son sacudidas en furibundas opiniones cada cinco años, cuando intereses mezquinos que se han impuesto más de la cuenta en nuestro país -y sobre sus habitantes- se ven amenazados, o bien, cuando algún populismo embaucador -tómese como el lector lo considere conveniente- busca recolectar voces desesperadas por el abandono a su coro furibundo. Hay mil un formas de las cuales algunos pueden valerse para jalar agua a su molino.

Pero ahora: ¿Podemos definir entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala claramente un mal menor? Eso es relativo, ya que depende de las nociones “mal” y “menor” que cada uno maneje. Recordemos que meramente un 50%-55% del electorado los tiene en su mayor simpatía, mientras que la otra mitad basa su juicio en medida de sus temores, información al alcance, cierta influencia de su entorno y si se quiere ser pluralista, algún atisbo de ideología.

Muchos apuntan que el motivo del segundo ruedo entre Fujimori y Humala es un clamor sostenido por el cambio del sistema económico, discrepo, mas no niego que sea así en cierta proporción, a lo que hago referencia es que esta manifestación popular que se dio en las urnas trasciende a una propuesta económica, el clamor tiene su verdadero espíritu en la búsqueda por inclusión; por atención; por ciudadanía efectiva. Y con pesar manifiesto que ese voto encontró mayoritariamente dos medios para conseguir lo reclamado con el “salto al vacío” de Humala -metáfora que lejos de asustar creo incitó al electorado proclive a la postura nacionalista a decidirse por esta-  y también está la sombra asistencialista del gobierno de Alberto Fujimori a través de su hija.

Ollanta Humala desde mi humilde perspectiva simboliza -a no ser que su moderación sea más que una estrategia de imagen-  un riesgo evidente para ciertos lineamientos  positivos d ela continuidad económica -he dicho ciertos, tampoco es el apocalipsis total como pintan los cortos de criterio-; sin embargo, esta noción no hace que me abandere de naranja. Analicemos al candidato nacionalista primero, siendo la preferencia electoral inmediata de casi un tercio de la población (31.7%) demuestra que nos guste o no, es el mayor canal de los deseos de las clases mas desfavorecidas por la continuidad económica que ha servido para lograr estándares muy favorables, pero que también nos ha mostrado taras que pensábamos superadas, atrasos que asumíamos vencidos, malestares que nos eran ajenos hasta que llegaran a nosotros. Es cierto que mi escepticismo hacia el “nuevo” Ollanta Humala no es una reacción aislada, también es innegable que existe aproximación de sectores progresistas y más de centro en torno a él, incluso con el propósito de modificar su plan de gobierno, de disuadirlo, almidonarlo. No sé si lo logren, quisiera creer que sí, pero a veces me invade la idea, de que es como sentarse sobre un tigre para domesticarlo. Un corte bastante beligerante en sus declaraciones pasadas y un discurso doble, con un proyecto de nación inconveniente en más de un sentido estructural y las desafortunadas intervenciones de algunos de sus allegados -como Carlos Tapia en el programa Prensa Libre- y la naturaleza sospechosa de los asesores brasileños me llevan a mantener mi desconfianza.

En tanto a Keiko Fujimori, con un considerable 8% por detrás de su último rival en esta lid, Fujimori confía en captar los votos de los sectores más conservadores que tras el haberse atomizado en la primera vuelta en tres propuestas distintas, tomen partido por ella, suena lógico si consideramos que la afinidad económica bastará para que le concedan su apoyo, pero para infortunio de la candidata, las cosas nunca son tan simples y es mejor así. Figuras como Alejandro Toledo han demostrado un explícito apoyo a su contendor e igualmente un explícito desentendimiento con ella.

Mientras Fujimori tiene una ventaja respecto a Humala: La ventaja no es como muchos analistas sostienen los logros de su padre en materia de seguridad y economía o el recuerdo del mismo. La auténtica ventaja es la doble apertura que posee; tiene una llegada muy fuerte a las clases populares, sobre todo en la selva oriental y la sierra central por el asistencialismo y clientelismo antes referido, pero de igual forma goza la simpatía con los sectores conservadores, los cuales apenas con imaginar la victoria de Humala hacen de tripas corazón y voilá Keiko deja de ser el caballo de Troya de su padre y pasa a ser con o sin pesar de los conversos que ahora la apoyan  la “única salvación para la democracia” -la ironía abunda en todo este caminar, eso es bueno, nos lo hará más ameno-.

Aveces, me asalta el malestar de que Keiko  Fujimori sin lugar a dudas reviva el autoritarismo de vergüenza y pillaje de salir electa, sin embargo, hay que considerar que Fujimori recibiría un país en condiciones diametralmente opuestas a las de su padre, con una economía en bonanza y un terrorismo alicaído que opera en regiones específicas, a lo que voy es que, Alberto Fujimori tenía el caos generalizado del Perú como gran cheque en blanco y justificación de sus medidas, pues Keiko no cuenta con tan oportuno escenario ¿Creará uno que sí le convenga para llevar a cabo fechorías de querer hacerlas? La pregunta está hecha y esta columna no da para responderla, esperemos en una posterior, -sería un rebate muy rico por desmenuzar-.

Finalmente, conversando de este tema con un viejo amigo americano que residió en nuestro país y tiene nociones sobre el horizonte político del mismo me preguntaba :  “¿Aldo cómo se dice Hobson’s Choice en castellano?” Le dije que no teníamos una traducción fiel -la frase en inglés es un eufemismo que refiere a que da igual lo que escojas- sin embargo, le comentaba que acostumbrábamos ejercer el voto y la decisión por “el mal menor.” ¿Y cuál es ese ahora?

Por Aldo Cisneros Jirón.

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Una respuesta a ¿Y cuál es el mal menor?

  1. GARCRU dijo:

    El Sr. Cisteros (Aldo), hace una una exposición muy adecuada en su articulo y anotando con resultado final el acogerse al dicho “un mal menor”, efectivamnete
    cuando las cosas no estan demasiado claras, y abundan las dificultades, siempre
    hay que optar, dentro de todos los males, por el “menor”.

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