Un Perú de Patriotas y Nacionalistas

Mientras más nos acercamos a las elecciones, es posible observar como la decisión de muchos votantes se basa en un sentimiento de patriotismo. Así muchos se autodenominan patriotas, aunque de facto podrían enmarcarse dentro del chovinismo o incluso nacionalismo. El gran problema en nuestro país es que el patriotismo se confunde con el nacionalismo, el nacionalismo con identidad nacional y todo esto degenera en una xenofobia que afecta no solo la relación con otros países, sino también afecta el desarrollo del Perú.

A nosotros los peruanos, nos encanta defender aquello que llamamos nuestro. Nos peleamos con Chile por el pisco sour, consideramos la marinera como algo que llevamos en la sangre, y el cebiche como nuestro. No obstante, nosotros no hemos contribuido a la creación del pisco sour, muchos no podemos preparar un cebiche correctamente y, más aún, la mayoría no puede bailar marinera sin antes tropezar o sin quedar en ridículo. Y es haciendo este somero análisis que nos podemos dar cuenta de que todo aquello que tiene que ver con identidad nacional o con el patriotismo no es más que un sentimiento artificial y arbitrario que se remonta a una forma tribal de vida. Intentamos crear un algo que llamamos nación para así diferenciarnos de los demás países y construir una colectividad. Sin embargo, no podemos demarcar los límites de esta colectividad sin entrar en ambigüedades y explicaciones confusas.

No estoy en contra de este deseo natural por pertenecer a una colectividad, pero cuando esto se opone al desarrollo y cuando degenera en conflictos irrisorios acerca de a quién le pertenece qué, es que el patriotismo se convierte en un problema. Y es que el hecho de amar la patria, ciegamente, al extremo del chovinismo, lleva a una pérdida de objetividad tremenda y ocasiona, en muchos casos, el nacimiento de teorías políticas que intentan convertir a un país en una máquina multifacética que se encarga de abastecerse a sí misma de todo lo necesario para seguir funcionando; es decir, en una nación aislada del mundo y autosuficiente. No obstante, esto no es práctico puesto que un país no puede ser eficiente produciendo todo. El Perú podrá abastecerse a sí mismo de papas, pero no de computadoras o de teléfonos. A veces se apela al patriotismo de la gente para justificar el cierre del mercado, no obstante creo que debemos entender que para crecer necesitamos abrirnos al mundo.


Es por ello que invito a los lectores a reflexionar cuando escuchamos a candidatos que pretenden apelar al patriotismo o a la identidad nacional para justificar sus planes. No debemos desechar propuestas prometedoras solo por el hecho de que tengan relación con el extranjero; con el mundo. No juzguemos a los candidatos por sus nacionalidades, sino más bien por sus propuestas. Si queremos analizar un plan de gobierno objetivamente, hagámoslo libres de un sentimiento que no podemos siquiera justificar o entender. Dejemos atrás la xenofobia y el nacionalismo y votemos con inteligencia.
– Renán Ortega Olivera

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