Lo que nos dejan la experiencia, y las encuestas-rating

Al peruano promedio le gusta la polémica. Por eso, como me señalaba un perspicaz amigo, es posible que algunos ex congresistas de dudosa tendencia politica y moralidad vuelvan al Pleno en poco más de 3 meses. El solo hecho de polemizar, de saber atacar y aprovechar ataques (dejando de lado propuestas y programas de acción) es clave para el electorado peruano. Toledo basó su campaña en eso (El Factor García, le dice Federico Salazar). Ollanta lo sabe,  y ha encontrado en Wikileaks la razón de ser de su renovada existencia política, tan mellada por los cambios en la percepción de la gente (autoprovocados o provocados por unos malísimos asesores de campaña). Recuerdo que hace algunos meses publiqué un artículo en el cual ya dejaba ver el futuro estancamiento de Ollanta: los almuerzos en el exclusivo Club Nacional lo despojan de su autodenominación de hombre del pueblo, de las masas; el cambio de nombre del partido, que se ha vuelto practicamente el eslogan de una mala marca comercial (Gana Perú), y los cambios en su discurso agresivo terminaron por estancarlo incluso más de lo que pense inicialmente, y sin embargo, el sorpresivo brote de cables de la embajada (WikiLikins, como jocosamente se les conoció, aludiendo a Rose Likins, la embajadora de EEUU) dinamizó sus relaciones y le devolvió, si no el discurso de antaño, al menos algunos recursos retóricos de éste.

Al peruano promedio le gusta la política circense, la no-programaticidad. Al peruano promedio le gusta el anticandidato (todos los candidatos en los primeros lugares tienen crasos errores que en otro país los condenarían al ostracismo político), como lo denomina Carlos Melendez (¿se podría hablar de una antipolítica reinante?). Por eso es que Carlos Raffo realiza bromas a expensas de Mauricio Mulder, y se promociona en su show de Barranco “El Panda Canta”, donde lo importante es la mediatización de uno mismo. Por eso es que, aunque PPK tenga mucha pegada entre los taxistas, familias y jóvenes (y hablo por experiencia de casi 10 taxis, es decir 10 familias), posiblemente la foto del “efusivo” saludo de una dama chalaca le ayude a subir más en las encuestas. Por eso es que, aunque muchos y me encuentro entre ellos, se escandalizen de las declaraciones de Ollanta acerca del régimen del dictador y asesino Muamar Gadaffi (lo apoya, al igual que Ortega, Hugo y Fidel), estos actos no logran arrebatarle los 4 puntos que subió en las dos ultimas encuestas, pues aquí todos aquellos que están primeros en las encuentas son anticandidatos, y si uno lo es más que otro, no importa.

El peruano promedio vota sabiendo por sentido común que en el Perú se vive una democracia sin partidos pero no disminuye la personalización (y monopolización, al fin y al cabo) de la política (no hay que ser doctor en Sociología para darse cuenta de esto, pero la frase de Nelson Manrique “Hoy el Apra es militante de Alan” puede sintetizar muy bien la conciencia común acerca de los partidos ). El peruano promedio no quiere un cambio sustancial de sistema (por eso es que Ollanta no va ni primero, ni segundo, ni tercero) pero adora el enfretamiento, y el ataque. El peruano promedio  necesita de las encuestas para sentirse seguro de su voto, pero adora a las víctimas (Toledo supo aprovechar esto para posicionarse, hasta llegar a un pico en las encuestas, después de esto, y por falta del Factor Garcia, que empezo a “solidarizarse” con él, ya ha bajado 2 puntos).

Esto es lo que nos deja entender la multitud de encuestas, donde se observa una imagen (a veces trucada, o con “efectos ópticos) de la dinámica de relaciones entre el poder y la percepción de poder.  Los actores protagónicos aquí actuan igual que en programas de televisión enfrentados donde necesitan posicionarse, y el rating es lo mas importante. El problema, es que dirigir un país es más difícil que tener un buen guion de televisión, y ganar rating.

Por Matheus Calderón

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Una respuesta a Lo que nos dejan la experiencia, y las encuestas-rating

  1. Alvaro Soto dijo:

    En efecto, la política nacional es más un show mediático donde el que más drama hace y más lo enfocan probablemente sea el que más puntos gane en el sondeo publicado aquel fin de semana y pues… por duro que paresca es una mala tradición arraigada a nuestra cultura (Véase que los periódicos sensasionalistas, a pesar de su baja fiabilidad, por sus imágenes escandalizadoras suelen tener bastante acogida).

    Sin embargo, una vez reconocido cáncer viene automáticamente una pregunta: ¿y qué hacer para solucionarlo? Es ahí donde las personas que tenemos los ojos abiertos a la realidad social y tenemos conciencia y deseos de un país mejor dirigido debemos reaccionar. Es nuestra labor (aunque nos queramos escusar) de entrar a tallar y ayudar a aquellos que se dejan llevar por el pseudo-titular “Congresista se choca en pleno centro” (por muy poco argumentado que paresca, hay gente que eso le haría dudar de su voto) o cosas por el estilo, para que se concientisen y en próximas elecciones se escoja a las capáz y no al menos peor o el más rankeado.

    La nueva pregunta indagadora que queda sería ¿qué acciones directas podemos tomar y cuándo y cómo empezar? Probablemente no podamos hacer nada en estas elecciones pero aun nos quedan 6 años para trabajar por las próximas. “La república nos llama”

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