Una utopía no tan utópica

Hoy, como muchos otros días, me levanté preocupado, pero no por las actividades del día, algún cabo suelto, mi madre que me enloquece, dinero, salud o cualquier otro asunto ordinario, sino por uno extraordinario y especial. Estaba preocupado por cómo iba a ser capaz de lograr hacer de mi visión —cambiar el Perú— una realidad.

Momento a momento venían a mi mente los problemas del país —por ejemplo, discriminación, pobreza, imprudencia, corrupción, relativismo moral, opinólogos, indiferencia social, drogadicción, resentimiento, entre otros—. Y lo peor es que esta lista es corta, pues mi ignorancia es grande.


Ahogados en problemas y plagados de gente indiferente es muy complicado encontrar un punto de partida para la misión. Esta realidad es la que a mi y a otros jóvenes nos hace sentir una tremenda inseguridad. Pero el problema no es solo la falta de entrega; además hay mucha gente que está a favor de las conductas ilegales, desorden y corrupción. Ellos son los amantes del facilismo, la falsa eficiencia y la criollada —por ejemplo, los que compran ropa robada en “Malvas” y los políticos que favorecen a sus empresas favoritas por el bendito verde.

No es novedad que demasiada gente tenga un pensamiento y estilo de vida totalmente light. En particular, soy consciente de esta situación, porque toda la vida he tratado con personas así. Muchas veces mi curiosidad me ha movido a preguntarles : ¿Cómo definirías a tu país en una o dos palabras? ¿Qué piensas del Perú? ¿Qué te gustaría lograr?

Las respuestas que obtuve fueron en su mayoría desalentadoras. Escuché con tristeza que casi nadie se puso la camiseta. En concreto, escuche frases como:

-Quiero hacer mi empresa hacer mi platita y vivir tranquilo.

-Quiero comprarme un micro de ahí otro y otro y así.

-Me gusta mi país, pero porque se puede hacer lo que se quiera.

-¡Comida y turismo! Libertad, libertinaje, mestizaje, fusión, corrupción.

-Es bonito, pero yo me quito porque no hay oportunidades.

Según la encuesta Enaho realizada por el Inei, el 90% de jóvenes tiene una visión negativa del país. Me imagino que dentro de ese porcentaje estarán los que me respondieron: “¡el Perú es una porquería [por decirlo de la manera más sutil], no pierdas tu tiempo, no seas iluso!”

Si la capital, que es en donde se encuentran las personas con más recursos, los centros de estudios más prestigiosos del país y otras facilidades, está así en el aspecto social, entonces¿cómo estará el resto del país, donde no llegan ni la luz, el agua o la información? En la misma encuesta se señala lo suguiente: “la mayor parte de los jóvenes rurales en pobreza extrema sólo tiene educación primaria (54%) o es analfabeta (5.5%) ”.¡Más de la mitad de jóvenes rurales solo tiene educación primaria!

Ahora veo con más claridad que problemas sociales como el pensamiento “light”, la mala costumbre y la tremenda y fuerte corrupción son los motores del sistema que intentará sepultar y callar a los rebeldes que vayan contracorriente. Sinceramente reconozco que tengo miedo de seguir adelante; sin embargo, hay razones que me mantienen motivado. Por ellas he sido tildado de infantil, idealista, soñador, wannabe, ridículo, causa perdida, ingenuo, iluso, entre otros adjetivos algo más ásperos. Aquí se las dejo.
Yo voy emprender esta misión, porque quiero y necesito hacer algo por mi país. Es mi deber como ciudadano contribuir a su desarrollo, pues tengo un verdadero vínculo y compromiso con él. También lo haré porque sé que no estoy solo y confío en que los comprometidos somos pocos, pero suficientes.

Afirmo que del pueblo debe surgir este cambio, porque nuestros políticos, a pesar de sus jugosos sueldos y vasta experiencia, no pueden con todo. La solución está en nosotros mismos, en que cada uno convenza a su entorno con su labia, ideas y ejemplo de que podemos vivir mejor, pero que solo necesitamos un cambio radical de actitud. Todos debemos cambiar de una actitud derrotista, antipatriótica y libertina, a una de auto control, íntegra y fogosa.

Además, creo en la gente y que prácticamente todos los problemas ocasionados por el hombre pueden ser solucionados por él. Apostaré por aquel anhelado cambio por más que haya una ínfima probabilidad de que se lleve a cabo.

Comprendo también, que la presión de grupo, la falta de seguridad y los tremendos complejos de la sociedad limeña en especial no dejan a algunos jóvenes surgir y decir lo que piensan abiertamente por miedo al “qué dirán”. Por esto mismo no puedo quedarme callado y seguir viendo jóvenes con mucho más potencial que yo bajando la cabeza por culpa de un manojo de opinólogos.

Por último, no pienso sentarme a esperar el cambio, a ser un simple espectador de este panorama social con tanto potencial que se desperdicia día a día. Posiblemente en este mismo instante algún joven esté siendo desilusionado, enviciado y contagiado por la peste corrupta y seductora en la que vivimos. Esto es algo que ningún joven debe permitir, pues debemos cuidarnos las espaldas los unos a los otros y proteger lo poco que tenemos, nuestra visión, nuestra cultura.

¿Qué esperas para emprender la misión?

Escrito por Mauricio Dulanto

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Una respuesta a Una utopía no tan utópica

  1. Juan Luis dijo:

    Es completamente cierto, los jóvenes de éste país no tienen una visión patriótica a futuro, solo piensan en la decepción que ha traído la política. Pero no se dan cuenta que ellos mismos son los responsables de que los políticos hagan lo que se les da la gana.

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