La redistribución de la riqueza

Acercándonos cada vez más a las próximas elecciones generales programadas para el mes de abril de este año, tomamos atención a las diferentes propuestas y comentarios que tienen los postulantes hacia los principales problemas que aquejan al Perú. Si bien la lista es vasta, en esta campaña presidencial se destaca un elemento en particular que parece englobar el malestar general de la población: la falta de redistribución de la riqueza.

En la última década hemos sido testigos del desempeño económico encomiable que ha tenido el Perú, sin ir muy lejos el año 2010 la tasa de crecimiento del PBI fue de 5%. Así, no se explica el porqué el crecimiento económico no se traduce en una reducción drástica de la pobreza, total alfabetización de la población, mayor acceso general a servicios o en cualquier otro aspecto social que demuestre una mayor equidad.

La razón principal de esto podría encontrarse en la ineficiencia misma del Estado para hacer cumplir sus propias proyecciones sociales a lo largo del territorio nacional, pero resulta mucho más complejo a lo que inicialmente parece. La asignación del presupuesto nacional a las diversas instituciones se da de forma aceptable, pero el uso particular que le dan las diversas municipalidades, gobiernos regionales y organizaciones estatales es por demás irresponsable en muchos de los casos.

Un caso emblemático puede ser el monumento al lagarto. En un poblado de Tumbes no hubo mejor idea que realizar un proyecto de inversión público, cuyo único fin era enaltecer la figura del lagarto. Eso sucede en Tumbes donde la tasa de analfabetismo es 22.3%. Por eso, es difícil esperar una mayor redistribución cuando las instituciones ejecutoras, encargadas del desarrollo de sus propias comunidades no pueden asignar responsablemente su presupuesto.

Con esto pobladores en diferentes situaciones a nivel nacional reclaman al gobierno central por una mayor redistribución, y muchos de ellos empleados por el estado mayores sueldos. La solución no parte de aumentar los sueldos a los empleados públicos (lo cual se debería realizar en un futuro), sino reducir los gastos que afrontan las personas. La forma es la anteriormente mencionada como problema, ser más eficientes con las inversiones públicas, que impacten en la vida de los pobladores.

Un trabajador estatal al que le mejoren la accesibilidad a su población porque ya se asfaltaron los caminos, ganará tiempo, que se verá traducido en un incremento de sus ingresos o una disminución de sus gastos personales, y cualquiera de ellos conllevará a una mejora personal, que finalmente será una mejora social. Esto es desde todo punto de vista, considerablemente mejor que regalar leche y otros productos de canasta básica, que hasta ahora ha sido considerado como gran proyecto de inversión social, inclusive en Lima Metropolitana.

Ahora, volviendo a los aires electorales podemos distinguir que el problema de la falta de redistribución será abordado de diferente manera por los candidatos, Mientras unos opten por anunciar aumentos de sueldos desde los generales hasta para los barrenderos, otros optarán por presentar planes concretos que hagan hincapié en la parte operativa, que se supervisen los proyectos de inversión, y enfatizar el gasto público en afectar al ciudadano común y corriente, para que con una reducción de sus gastos, mejore significativamente su calidad de vida.

Por Alfonso Holder

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