¿Qué es la corrupción?

Suele definirse la corrupción como la violación sistemática de la ley: pasar plata por debajo de la mesa, lavar dinero, evadir impuestos, y muchas otras cosas más. Sin embargo, me pregunto si ver la corrupción desde esa perspectiva divisa solo la punta de un iceberg en donde confluyen todas las actitudes que ostentan obtener más con menos esfuerzo. Robar del Estado es obtener dinero con poco esfuerzo, nadie estaría en desacuerdo y efectivamente está penado por ley. ¿Y trabajar con dejadez está penado por ley? ¿Dar menos de lo que uno puede dar está penado por ley? Obviamente este artículo no busca extender el código penal a actos subjetivos, sino articular la corrupción de una manera distinta.

La corrupción es el estado de un sistema en donde todo se hace con menos esfuerzo, sea el acto codificado y penalizado o no. No es un conjunto de actos, sino un comportamiento sistemático y una proclividad al mismo. Una sociedad está corrupta en tanto obtener más con menos esfuerzo es una costumbre que genera costumbre.

En estos días ha estado en boca de la gente la paupérrima integridad moral de los alcaldes distritales que han dejado “bombas de tiempo” a sus respectivos reemplazantes electos. Víctor Leyton, quien buscó ser reelegido con la agrupación Cambio Radical y perdió en los comicios del 3 de octubre pasado, ha dejado al histórico distrito del Rímac hundido en una montaña de basura, al no pagar a la empresa recogedora (curiosamente) desde el mes de octubre. Las calles son prácticamente intransitables, las casas están infestadas de moscas y roedores, y muchos niños han caído enfermos. El alcalde electo ha estado inhabilitado por ley de hacer algo al respecto, y de pronto el Rímac es tierra de nadie.

¿Cómo pues, podría sorprender que la población considere a los políticos como la peor lacra de la existencia? Lo lógico es pensar que los políticos ejercen cargos públicos por el dinero, por poder, o simplemente para robar. Lo lógico es que quien esté en el poder pierda legitimidad, y por tanto libertad de acción. Supongo innecesario recordar lo vulnerable que es la democracia a la falta de legitimidad en un sistema, especialmente teniendo una historia como la que tenemos, pues no recuerdo a ningún terrorista clamando la ilegalidad de la inexistencia del Estado.

Por lo tanto, no debe haber reparo en llamar corrupto a quien alega no haber quebrado la ley, muy a sabiendas de haber estado al borde (por decir lo menos) de ella. Corrupto es quien corrompe a otros, quien corrompe nuestra percepción de nuestro país y arremete contra el orgullo nacional. Corrupto es quien trabaja por su país en tanto reciba algo a cambio, quien deja en las calles siete toneladas de vergüenza. El código penal no lo es todo. Rechacemos la falta de integridad, la contra-peruanidad. Si un político no bota la basura, asegurémonos de nosotros sí botarla, y no dejar que ella vuelva a pisar una municipalidad nunca más.

Juan Ignacio Chávez

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Comunicaciones, Economía y Finanzas, Eventos, Filosofía, Política, Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s