ESPECIAL: Perú Futuro entrevista al reconocido historiador José Agustín de la Puente Candamo

El Dr. José Agustín de la Puente Candamo probablemente sea el historiador vivo más importante de nuestro país. Su trayectoria como docente por más de 50 años en la Pontificia Universidad Católica del Perú y sus notables investigaciones, así lo demuestran. Entre sus estudios más importantes resaltan investigaciones sobre la independencia de nuestro país, así como la más importante biografía sobre nuestro héroe Miguel Grau Seminario. El Dr. De la Puente actualmente continua enseñando e inspirando a nuevas generaciones de jóvenes, a los que les recalca la importancia de ver la historia con optimismo y responsabilidad. Así mismo, este año fue condecorado con la orden del Sol del Perú, la más alta distinción otorgada por el estado peruano.

Hoy muchos jóvenes tienen miedo a la historia ¿Qué le diría a aquella juventud que quiere estudiar historia, pero que no se anima, que prefiere irse a Derecho o a carreras un poco más rentables?

Yo le diría que deben ir donde esté la vocación, porque uno puede escoger algo relativamente más rentable pero en el fondo no lo hace infeliz. Uno debe ir donde produzca bien y este feliz, como yo, que estudié Derecho pero ya por el cuarto año supe que sería un abogado que no ejercería, me gustaba mucho el Derecho pero la historia me apasionaba. Creo que Derecho fue un buen complemento. Antes uno seguía la carrera de “derecho e historia” o la carrera de “derecho y literatura” había una universalización del aprendizaje.

¿Qué tan vigente sigue el mito del Derecho como carrera rentable respecto a  otras como historia?

Yo creo que persiste pero es menos vigente y verdadero que antes. Antes estudiar Derecho en efecto podía abrirte todas las puertas, de manejar la hacienda hasta la política. Hoy con la aparición de más y más carreras el mito se ha ido diluyendo y los abogados filtrándose en el campo laboral. Como digo, hoy no es así. Antes sí estudiar derecho era una petición de principio, ahora es el mito lo que queda.

La historia en nuestro país, siempre ha sido una historia de desgracias, de desaires. ¿Cómo se puede comenzar la tarea de una historia más optimista sobre el Perú, una historia que reviva el sentimiento nacional?

No hay que ver nuestra historia como plagada de miserias. Toda nación las ha tenido, y el Perú en especial, pero yo rescato mucho las recuperaciones, como la reconstrucción que vivió el Perú tras la guerra con Chile, la reestructuración civilista y el levantamiento que vivimos en pocos años. Creo que son episodios aislados que nos pueden ayudar a ver de forma un poco más optimista nuestra historia.

La historia es una disciplina sumamente complicada, requiere de ardua investigación, de largas horas en archivos. En temas republicanos o virreinales, ¿aún queda espacio para descubrir algo inédito?

Definitivamente, creo que nadie puede o debe decir “yo he agotado tal o cual tema”, sino sería algo entre necedad o arrogancia. Creo que sería una suerte de desdén, y en especial en una materia como historia, que es un trabajo de reconstrucción arduo. Siempre hay más, el horizonte es infinito en cualquier rama, y si partimos de la historia de este Perú tan rico, diverso y revolucionado, el futuro historiador puede estar tranquilo que aún quedan hallazgos para él.

Cuéntenos de su experiencia con los archivos. ¿Dónde debe comenzar alguien, un ser humano de a pie, a buscar la historia? ¿La historia está hecha también para hombres cotidianos?

Por supuesto. Es más, los hombres cotidianos en conjunto logran la dinámica de la historia, de los pueblos, las naciones, las movilizaciones y causas. Ahora, que esté hecha para que estos la analicen así como la escriben, también; pero deben estar esas ganas por saber, el deseo de ser parte. Luego, del tema que ese escoja en historia hay que ser de sobra específico para saber por dónde comenzar a desenredar la madeja –es como coger un hilo de esta e irla deshilvanando. Creo que unos ensayos y breves carpetas de fichaje son útiles antes de escoger una obra más densa como un libro, que introduzca al aficionado al tema.

Usted es también genealogista. ¿Cómo se busca a los antepasados, cual es el mejor lugar para comenzar?

Es verdad, también soy genealogista, pero no me gusta atribuirme ese título, porque de alguna forma siento que mis aportes han sido mezquinos en ese campo, al menos no todos los que yo hubiera querido al momento de introducirme en la genealogía y la heráldica. En tanto a la búsqueda, lo principal para hallar las bases, es preciso dirigirse a la parroquia familiar, ya que el vínculo estrecho que siempre ha guardado la iglesia con la comunidad hace que estas custodien las partidas de nacimiento, actualmente lo hacen las municipalidades y las parroquias conservan sólo las del bautismo, pero para remontarse al pasado clásico es necesario acudir a la parroquia que aún custodia esas partidas de aquellos familiares de antaño, como le digo.

Usted fue alumno de destacadas figuras, entre ellas Jorge Basadre y José de la Riva Agüero. Es conocida la actuación pública de estos personajes, sin embargo, en orden personal, íntimo, que fue lo que más les inspiró de estos personajes, de su contacto directo con ellos. Incluso hoy sirven de inspiración para mucha gente en el orden intelectual.

Es cierto, pero no fui alumno en el sentido que yo ya hace mucho que no era estudiante de aulas. Pero digamos que fueron mis maestros en la materia y en el campo de la docencia. Yo me reunía con José de la Riva Agüero en su casa por las tardes a conversar y tener largas tertulias. Sabía como nadie de las familias y los albores de la República. Era un hombre muy cálido, en contra de lo que se pensaba de él. Decía, lo recuerdo bien: “No me llenen de ripio o formalidades: díganme, si gustan, por mis años, Don José”. Nos lo decía con una sonrisa, para un tiempo donde el protocolo era importante. Él era totalmente cercano y cálido. Riva Agüero, quien había nacido en privilegio y asumía ese privilegio como una responsabilidad, de dar en la misma medida que había recibido. Él podía prescindir de la política y la cultura para conseguir estatus, pero se dedicó a ambas por el país y las siguientes generaciones. En el caso de Basadre, un gran hombre pero bastante tímido, pese a ser alguien tan versado y cultivado, lo recuerdo en varios almuerzos a un lado y en silencio. No tomaba la palabra o daba su opinión a menos de ser completamente necesario, pero a la hora de impartir lecciones sus ojos se abrían y era una verdadera fuente de conocimiento, un recuento libresco de palabras, fechas y tentativas de soluciones requeridas por el Perú de ese entonces.

Tocando ya un poco temas históricos, quisiera hacerle dos preguntas concretas. Usted publicó un destacado libro sobre Miguel Grau. Además tiene distintos trabajos sobre José de San Martín. ¿Cuán importantes son para los peruanos estos héroes? ¿Cuánto influyen o inspiran nuestro quehacer diario?

Yo creo que mucho. Todos necesitamos modelos: es necesario, y hasta sano. Nosotros los peruanos, desde pequeños, tenemos estas figuras casi legendarias que desempolvamos desde la educación primaria. Yo creo que son fundamentales, no como un repaso, sino como un modelo que de alguna forma nos recuerda la grandeza a la que estamos llamados todos. Lo que los distinguió fue que ellos decidieron atender el llamado con todo lo que implicaba, que no es nada fácil desde luego. Ser un ejemplo es una pesada carga, tanto como seguir ese ejemplo.

Desde una perspectiva histórica, se ha dicho mucho que una persona siempre busca otra persona en la cual inspirarse, ya sea intelectual como moralmente. El Perú siempre ha estado lleno de mentores y aprendices, eso se ve a lo largo de la historia. ¿Aquello le sucedió a usted?

En definitiva, siempre, como decía, los modelos son necesarios. Nadie desde el inicio es totalmente autosuficiente, y si lo es, estamos o ante un estupendo o ante un farsante. La lista en mi caso es enorme. Están familiares, profesores, incluso amigos cercanos, entre los grandes mentores: Basadre, “Don José”, Porras Barrenechea. La educación era un bastión único, y los caballeros que la sostenían eran abundantes y respetables. Todo tenía un peso por las personalidades que respaldaban tal o cual idea, el corte moral e intelectual era impecable. Yo necesité mucho de esas grandes figuras para que despertara o me encaminara finalmente por la historia como la labor de mis días.

Ahora que tocamos temas de inspiración, quisiera preguntarle sobre una persona que seguro inspiró mucho su vida, su abuelo Manuel Candamo Iriarte. A pesar de su corta presidencia, su militancia en la vida política nacional fue prolongada. ¿Qué rescata de su aporte a nuestro país? ¿Qué debemos rescatar los peruanos de este hombre, que cruzó fugazmente por la historia?

Es difícil hablar de familiares tan próximos, es casi como hablar de uno mismo, y muchas veces esa perspectiva está sujeta a afectos y contemplaciones. Pero creo que si tuviera que rescatar algo sería su labor reconstructora del país a través del partido civilista, y, dentro de la presidencia, el organizar las elecciones que luego ganaría Piérola. Fue un buen hombre, un caballero. Quisiera decir más, pero es difícil si uno busca la imparcialidad, como es requerida para estas entrevistas jóvenes.

En sus clases usted suele enfatizar el Perú como una síntesis, un mestizaje, algo naciente de dos culturas. ¿Cuánto ha evolucionado esta síntesis desde la Independencia? ¿Es la síntesis igual hoy? Influencia europea, cultura chicha, cultura norteamericana, latinoamericana… ¿Diríamos que el Perú es hoy más rico que en el pasado?

Es verdad que la fórmula no se ha mantenido intacta, pero siempre está presente ese patrón de mezcla que es el Perú. Partiendo del grueso de los ingredientes indígenas como hispanos, no se puede separar a ninguno: sería equivalente a mutilar el país. Creo que más allá de mayor diversificación e influencia hay mayor dinámica y difusión de las mismas. Este es un país tan hispano como indígena, con diversos componentes asiáticos, europeos, norteamericanos, africanos, alrededor de ese eje central.

Vayamos ahora a su actuación en la PUCP ¿Usted conoció al Padre Jorge Dintilhac?

Claro que sí, pero lo conocí antes de que yo enseñara en la universidad. Yo aún era un joven con muchas ideas y sin saber a qué o a dónde dirigirme, en realidad. Finalmente me animaría a adentrarme en la universidad como docente en el año cuarenta y ocho, a casi un año de la partida del padre Dintilhac. Él era bien conocido por regentar esta nueva universidad en desbrozamiento aún. Enseñaba historia, materia en la que era un hombre versado, mas no de su preferencia. Recuerdo bien: tenía mucho trabajo porque la universidad en sí continuaba siendo relativamente nueva y aún estaba funcionando la mayor parte de su rectorado en salones del colegio La Recoleta, hasta la donación del Fundo Pando por Riva Agüero.

¿Cuál fue su visión respecto a esta casa de estudios al fundarla? ¿Ha cambiado esto en los últimos años?

Él, al igual que Riva Agüero, veía una sociedad intelectual y tecnócrata naciente en San Marcos, pero cada vez más desvinculada con los valores cristianos. Es por ello que el propio Riva Agüero cede parte de sus bienes para una nueva universidad, en lugar de darlos a su alma máter, como era su plan original. Recuerdo que cuando yo empecé a enseñar los alumnos venían en traje, y las pocas estudiantes mujeres con sombrero y las medias de corte inglés. Eran otros tiempos, la diversificación es mayor. Ahora he tenido clases donde la mayoría del alumnado son damas. La universidad sí ha ido cambiando y revolucionándose, junto con el proyecto del padre Dintilhac, con el tiempo, pero la universidad dentro de su diversidad goza de una solidez y prestigio que sus fundadores siempre habrían querido.

En sus largos años por esta casa de estudios usted ha pasado por distintos cargos de renombre en esta universidad, con tantos años de docente y de investigador, además. ¿Es usted de los que cree que el gran problema del Perú es la educación? ¿Cuáles son los pilares que habría que cambiar en el Perú para incentivar una educación de calidad?

La educación siempre ha sido un tema delicado, y con gran pesar debo decir que está sufriendo un declive, al menos en el Perú. Antes en los colegios la historia republicana e hispánica del Perú eran cursos independientes en la secundaria, el conocimiento era más profundo y esquematizado; ahora muchos llegan a la universidad a recién tomar datos importantes si es que han tomado el interés de hacerlo. Eran otros tiempos. Y ahora lo fundamental es la educación. No podemos quejarnos de la falta de civismo, cultura o moralidad, si estas características no han sido previamente cultivadas. Creo que si tengo que definir pilares, está siempre el amor por la vocación profesional y la vocación de servicio al País, es decir, enamorarse de este, y que nuestro campo sea parte de nuestra ciudadanía. La educación es fundamental y es nuestro talón de Aquiles. Somos un país que despierta, también debemos ser un país que aprenda.

¿Esto recae sólo en un docente? ¿Cuánto compromiso se requiere del alumno? Es decir, ¿nace de uno ese entusiasmo o ese amor por el “ser intelectual”? ¿El amor por el saber nace o se cultiva?

La respuesta a ambas preguntas es una dualidad. Yo siempre estuve maravillado por la historia, pero fueron ciertos libros y ciertos maestros que me empujaron a escogerla por sobre el derecho, que también es de mi agrado y es mi primer título [risas]. Creo que está en la personalidad. Todo es influyente pero nada determinante, es decir, uno puede tener esa predisposición, pero ciertos eventos truncan ese anhelo de saber, o, caso contrario, uno puede tener una indiferencia clara, pero basta que un dato nos llame la atención para generar curiosidad, y empezamos el camino del descubrimiento. Tanto el docente como el alumno comparten la responsabilidad. Como el aprendizaje, así es y debe ser así.

Para concluir con la entrevista, Dr. De la Puente, Perú Futuro es un blog dirigido especialmente a jóvenes, pues se difunde principalmente por Internet. Habiendo usted sido maestro de tantas generaciones, ¿qué mensaje le quiere transmitir a los jóvenes del Perú? A aquella generación de historiadores, de políticos, de pensadores, que actualmente están en formación, ¿qué les quisiera decir?

Bueno, que sigan con ese entusiasmo, ese ahínco que caracteriza a la juventud, y en especial a esta generación. Que no teman seguir su vocación, pues el mundo y el país cambian. El Perú ha demostrado ser un país para todos. Y que teman aún menos poner esa vocación, invertirla, en su país. Este los necesita. Estén deseosos de ser ese capital humano desde su campo. El dirigirme a un público con un abismo generacional tan marcado es difícil, espero que no tanto. Que estos jóvenes continúen sus búsquedas enriquecedoras, sigan sus proyectos. La historia se escribe a través de ustedes.

Muchas gracias por el tiempo prestado y la atención, doctor.

Entrevista realizada por: Alejandro Cavero Alva
Asistente de filmación: Aldo Cisneros Jirón
Edición: Manuel Ferreyros Pérez-Izága y Aldo Cisneros Jirón
Fotos: Marco Gamarra Galindo

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