Revoluciones, polvorines y decepciones:

Llevo buen tiempo ensimismado cuestionándome la dirección de las revoluciones y así mismo el porqué estas terminan volviéndose primero contra sus iniciadores, es decir sus caudillos y pensadores, para luego alcanzar con el mordisco a la masa que los secundó, hasta incluso -en los casos más trágicos- afectar a la propia nación que cambió, con la alguna vez mesiánica revolución.

No es la intención de este artículo criticar las revoluciones, aunque unas bien merezcan desaprobación y otras elogios, el objetivo es más bien comprender el germen de este efecto colateral siempre en contra de los idealistas, el recurrente final trágico de uno o varios dentro del propio bando transformador o revolucionario.

Si debo ser fiel al positivismo es decir, al método científico, entonces no debo ni puedo lanzar sentencia o tentativa de sentencia alguna, sin analizar primero unas hipótesis y muestras, las últimas generosas donaciones de esa fuente de erudición que es la historia, bien ¿Qué hace que una revolución arruine a los revolucionarios? ¿La desunión de sus líderes a causa de un incómodo reparto de poder una vez victoriosos? ¿Lo quimérico de sus planes y promesas? ¿La inestabilidad que ellos mismos ocasionaron sin poder sedimentar el nuevo régimen? ¿Empleo desmedido del terror o falta de determinación?, todas estas son posibles y válidas respuestas pero algunas son casos aislados, mientras que en otros casos son las conjugaciones de estas y más fuentes para el desastre social.

Me es preciso ahora, hacer un condensado de causas, buscar el tronco para todas las ramas ya mencionadas, sin embargo, mucho antes que yo pudiera dar con el origen, un intelectual peruano, Manuel González Prada, lo logró con colosal anterioridad, además de precisión y lo cito:

“Un fenómeno muy general en la historia: los hombres que al iniciarse una revolución parecen audaces y avanzados, pecan de tímidos y retrógrados en el fragor de la lucha o en las horas del triunfo. Así, los revolucionarios franceses se guillotinan unos a otros porque los unos avanzan y los otros quieren no seguir adelante o retrogradar. Casi todos los revolucionarios y reformadores, se parecen a los niños: tiemblan con la aparición del ogro que ellos solos evocaron a fuerza de chillidos. […], el propulsor se transforma en rémora. Toda revolución arribada tiende a convertirse en gobierno de fuerza, todo revolucionario triunfante degenera en conservador. ¿Qué idea no se degrada en la aplicación? ¿Qué reformador no se desprestigia en el poder? Los hombres (señaladamente los políticos) no dan lo que prometen, ni la realidad de los hechos corresponde a la ilusión de los desheredados. El descrédito de una revolución empieza el mismo día de su triunfo; y los deshonradores son sus propios caudillos.”

Asumo que la cita ha sido lo suficientemente esclarecedora para hallar un motivo matriz, y si ahora hay que definir algunas de las ramas principales, la fórmula de la tragedia no tiene un ingrediente único, la historia ha demostrado que es cuando los apetitos del líder entran en conflicto con sus seguidores se da el primer paso en falso y el paso fatal es cuando los intereses mezquinos de ambos son totalmente irreconciliables con las auténticas necesidades de la nación que defienden y la bandera con la que cubren sus marchas multitudinarias. Es la búsqueda por más cambios o el querer re direccionar unos ya hechos, es la propia diferencia de opinión que sujetada ahora en un estado de anarquía es bañada en intolerancia, desbocando en otra constante histórica, que todas las revoluciones de las liberales a las sociales, de las que vienen de arriba o de abajo, se terminan escribiendo con “tinta roja” y como es el propósito de este artículo no sólo con la sangre de los opositores o detractores.

Muchas veces las propias ansias de cambio, la oleada del descontento o el éxtasis que inventan visionaros y del que por desgracia se unen los incendiarios terminan tirando por la borda las escalas de valores y precios -más allá de los monetarios- , de lo que se debe sacrificar, cuanto se debe sacrificar y bajo qué circunstancias. Bien dicen pensadores que la política tiene su propia moralidad, pero muchas revoluciones han creado su propia amoralidad, sobre el caos no se crea ninguna civilización.

Francia nos obsequió la mayor revolución para el mundo liberal, pero con todo dolor es necesario admitir y todo aquel con un bagaje cultural moderado lo hará también, la carnicería que fue esta revolución, que sus iniciadores padecieron la propia guillotina empezando por Maximiliano Robespierre y que la república en sí no fue duradera, vigente o sólida hasta La Tercera República Francesa en 1875 a casi cien años después de la convulsión de 1789 que estremeció los valles del Sena y el Loira, fue sólo bajo el sosiego y el aprendizaje que los frutos de la ilustración como la democracia pudieron madurar y ser saboreados.

Que estos pasajes y menudas explicaciones sean lecciones para aquellos de corazón inflamado, para que el fuego nacional que albergan en sí no los consuma ni a ellos ni a su patria. Remontándonos a la sabia Grecia que ese fuego sea la llama de Prometeo a la humanidad y no la antorcha de Eróstrato, el primer incendiario e idiota brutal que padeció la civilización.

Por Aldo Cisneros J.

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Una respuesta a Revoluciones, polvorines y decepciones:

  1. sergio sanchez gambetta dijo:

    Estimado, un pequeño consejo, conociendo someramente los objetivos que persigue su organización, deberían procurar ser un poco mas concretos al momento de escribir, y no perder la objetividad en sus párrafos y frases. Tal vez me equivoque, pues no conozco exactamente a donde apuntan, pero Peru futuro esta dirigido a los jóvenes en general? o a un selecto grupo de jóvenes que en lugar de jugar “play” o “beber en una esquina o tienda” tienen tiempo y voluntad de querer leer cosas “aburridas” “cosas de política”?. Si tu intención es desalentar a los que estan pensando en las revoluciones armadas (que generalmente empiezan como intelectuales), entonces la manera y medio que utilizas para dirigirte a ese puñado de jóvenes no es el adecuado. Mi critica entonces se concretiza en: definan objetivos claros y diríjanse hacia estos, no pierdan la objetividad y el camino.

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