Las empleadas domésticas en el Perú

Las empleadas domésticas en el Perú viven una situación alarmante aun para los estándares latinoamericanos, y qué decir de los estándares europeos, en donde la figura casi no existe. Podemos definir el empleo doméstico en el Perú como una labor multifacética encargada de paliar el hambre. Esto porque no es un menester delimitado y acorde con las capacidades específicas de la persona, sino que se extiende desordenadamente debido a la necesidad de empleo y a la demanda existente. Nos propondremos analizar el tema por aristas.

La movilidad social, un indicador para medir las oportunidades de desarrollo individual de una persona muy concurrido en la ciencia sociológica, ha mejorado particularmente en el Perú durante los últimos años. Si en la época de las migraciones se veía cómo los agricultores pobres pasaban a ser citadinos de los “cinturones de miseria”, hoy se ve que las nuevas generaciones estudian más que las pasadas y acceden principalmente a carreras cortas y técnicas que facilitan su inserción en el ámbito laboral. No ha seguido esta senda, sin embargo, el empleo doméstico. El empleo doméstico es elegido por personas con recursos muy escasos como para estudiar. Dado que no cuentan con conocimiento técnico, ni especializado, acceden a este tipo de trabajo, que tiene pocos requisitos y por ende paga poco. En consecuencia el empleo doméstico se vuelve no solo una consecuencia de inmovilidad social sino también una causa.  Y es así como nace la proclividad de este sector al subempleo tan extendido en nuestro país.

Otra arista es la profesionalización del empleo doméstico, que en Perú es escaso. Mientras que en otros países como Chile y Uruguay las domésticas trabajan por horas, en Perú es muy común tener una empleada doméstica “cama adentro”, que muchas veces no discrimina entre las horas que debiera trabajar y las horas en que no (muchas veces los patrones piden que se queden en la noche para atender visitas sin pagos adicionales). Además de trabajar con límites de horas, en otros países existe la tendencia a la especialización que aquí es incipiente. Mientras que en chile una empleada doméstica puede acudir al hogar exclusivamente a cocinar, y por horas, aquí la empleada doméstica hace una multiplicidad de labores. Lo que deviene de esta situación es un bajo incentivo por profesionalizarse.

Claramente esta situación se debe a muchos factores, incluido el poder adquisitivo de la población, que aquí no podría pagar lo que pagan en otros países a las empleadas del hogar. Si bien no se puede actuar directamente en ello, sí se puede hacer un esfuerzo por acelerar el proceso de profesionalización de las empleadas para que el creciente poder adquisitivo encuentre una oferta de trabajo doméstico organizado y formalizado en el futuro próximo. La institucionalización de agencias y el rigor legal a favor de las los trabajadores es requerido con urgencia.

Por Juan Ignacio Chávez

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