Ciudadanía vs. Jerarquía

Llega una mujer atractiva vestida con ropa de “marca” a una zona residencial en la cual, para poder entrar, los guardias de seguridad o “guachimanes” deben retener el DNI de la persona durante su estancia en el lugar. No obstante, al acercarse a la caseta la dejan ingresar, sin inconveniente alguno, como si fuera residente y sin retener su DNI. Subsiguientemente, llega una mujer no tan atractiva y con ropa de apariencia menos costosa, pero al acercarse a la caseta debe dejar su DNI e informarles a los guachimanes a dónde va y para qué e incluso recibiendo un trato criticable. Este tipo de situaciones ocurren, constantemente, en nuestra sociedad en la que las relaciones en el ámbito público están basadas en una jerarquía tácita establecida en base a aspectos simbólicos que, finalmente, generan desigualdad de oportunidades. Intentaré analizar algunos aspectos de este problema en el presente artículo.


El principal inconveniente con respecto a este tema es la precariedad de la ciudadanía. En el ámbito público y ante la ley, dos individuos deben ser iguales independientemente del sexo, grupo étnico, clase social, etc., y la predominancia de la ciudadanía es un factor indispensable para mantener el orden y la equidad en el ámbito público. Sin embargo, un carácter intrínseco y bien arraigado en la sociedad peruana es el de la exclusión o la discriminación alimentada por un pluriculturalismo que vagamente intenta refugiarse en una identidad nacional inexistente. Como herida de la histórica oligarquía de las grandes familias y de las exuberantes migraciones, hoy prevalecen interrelaciones excluyentes en el ámbito público, debido a diferencias culturales o a la pertenencia a tal o cual clase social.

Así, esta jerarquía latente surge como herramienta o incluso como arma para intentar hacer justicia o para evadirla. En una sociedad en la que el trato se basa en distinciones simbólicas, no le queda otra opción al individuo que apelar a sus atributos sociales para obtener un trato justo. En muchos casos en los que alguien desea ser tratado con respeto, este debe definirse como un individuo respetable ya sea declarando quién es, como vemos en la frase común “¿Sabes con quién estas hablando?” (invito a los lectores a leer el interesante ensayo con este nombre escrito por Martín Santos Anaya), o vistiendo de cierta manera que represente, simbólicamente, su nivel social. Por otro lado, en una situación en la que un ciudadano comete algún delito de tránsito, por ejemplo, y es detenido por un policía, muchas veces este intenta apabullarlo diciendo, “ ¿Acaso no sabes quien soy?”.

Más aún y para colmo de males, este problema trasciende al ámbito laboral en el que en base al sexo, a la apariencia física o a la “raza” las oportunidades de trabajo se presentan de forma distinta. Para que una sociedad capitalista prospere es necesario que todos tengan las mismas posibilidades de autorrealización. No digo que todos partan desde el mismo punto, pero que todos tengan las mismas oportunidades para lograr desarrollarse. Sin embargo, hoy la educación parece no ser la solución para que la movilidad social sea posible, puesto que la exclusión se presenta como principal impedimento.

Parece absurdo el pensar que algo tan irrisorio como la ropa que alguien viste o el automóvil que alguien conduce puedan definir el trato que este recibirá en el ámbito social. No obstante, en nuestra sociedad esto es algo que debemos combatir si queremos fomentar el desarrollo. Para lograr aplicar el capitalismo, liberalismo o anarcocapitalismo, es necesario fortalecer el sentido de la ciudadanía.

Por Renán Ortega Olivera

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Una respuesta a Ciudadanía vs. Jerarquía

  1. José Andrés Barreto Navarro dijo:

    Efectivamente,en nuestro país existe una marcada discriminación, y se da en varios ámbitos: socio-económico,étnico,género,credo,cultural, etc.; y esto trae como consecuencia la exclusión de los que no pertenecen a determinado “grupo”.Actualmente,parece que el grupo dominante es el factor dinero y su aliada íntima la política, que usan todos los recursos a su alcance para mantener su status, sea la burda manipulación,la intimidación,la mentira, el engaño,pero sobre todo la “división” entre peruanos,y éste accionar se hace patente sobre todo en épocas de elecciones donde cada “lider” se vende por algunas”ollas de lentejas”.
    Por eso vemos en las encuestas, como candidatos que no debieran tener ni un seguidor lideran éstas. Y, otros,que proponen la inclusión, la igualdad de oportunidades,eliminar la corrupción, reformar el aparato estatal, propugnan la ética y la moralidad, luchar contra la pobreza, etc., aparentemente no tienen “pegada”.
    Claro, si viene alguien a erradicar estas taras endémicas en nuestro Perú, se quedan sin trabajo.Por eso, pienso que sólo el coraje y la fortaleza de los jovenes puede cambiar esto, y en democracia se logra creando conciencia y con el voto a la mejor opción en las “urnas”.

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