El valor de la criollada

Si pensásemos en una palabra que definiese de forma tajante a todos los peruanos, probablemente estaría asociada con aquella vieja tradición que cuenta que los peruanos tenemos una viveza particular. Con diferentes acepciones como vivo, pendejo, astuto, lo que se quiere decir es que el peruano posee una cualidad “especial” por sobre otros pueblos o culturas: usando un peruanismo, los peruanos somos criollos.

El decir que somos criollos, no se refiere a la casta o clase social surgida a partir de la colonia española, sino a un comportamiento o forma de vida basado en actuar bajo el propio beneficio, sin importar el impacto que tenga lo cometido en la vida de las otras personas que nos rodean. Así, el ser criollo o la criollada también se caracteriza por su carácter cortoplacista, los vivos quieren obtener resultados lo más pronto posible.

Este comportamiento se aplica en diferentes escalas, con pequeñas acciones que parecen no cometer un mal a nadie, así también como tratándose de actitudes condenables dada la magnitud de los daños. Un acto del criollo podría ser adelantase en la cola del banco, sin que nadie lo note, con lo cual pasará menos tiempo haciendo cola, y los otros un poco más, pero nunca se darán cuenta de ello. En aquel caso probablemente no se condenará la actitud criolla, pero en otra situación donde el impacto sea mayor, las voces de protesta no se harán esperar.

Un ejemplo muy reciente sobre la criollada que es ya parte de los peruanos, fue protagonizado por el exministro del interior Fernando Barrios. Antes de asumir el cargo de ministro, y estándose aun viendo empleado por la entidad estatal EsSalud (ocupando el cargo más alto en el escalafón), contempló la posibilidad de ser despedido en lugar de renunciar al cargo. Al ser despedido, correspondería una indemnización por parte del Estado, por el contrario una renuncia de su parte no conllevaría a beneficio alguno.

Así este personaje se hizo parte de la corrupta esfera política peruana porque cometió un acto ilícito que le permitió cobrar una cantidad poco mayor a 300,000 soles, que fueron pagados por el mismo Estado. Sin embargo, lo principal a reconocer en este suceso es el cómo se elaboró. A diferencia de otros sonados casos de corrupción, que constan de una telaraña de personajes y varias situaciones particulares, en esta ocasión podemos decir que el exministro Barrios actuó como un criollo.

La criollada es una parte de nuestra vida diaria que generalmente pasa ignorada por nosotros, porque incluso muchas veces nosotros la aplicamos para facilitarnos las cosas. El valor que tiene el ser criollos para nosotros es muy alto comparado con seguir las reglas, que implica respetar los derechos de los demás. Lo único que se verá denunciado serán los grandes escándalos descubiertos por la prensa, pero la actitud criolla seguirá vigente en casi todos nosotros.

Así, simplemente resta cuestionarnos si el valor de la criollada es tan preciado para nosotros como para hacerlo nuestro estilo de vida, o si por el contrario, debemos actuar siguiendo cánones legales establecidos. Y denunciando la criollada cuando seamos testigos de ella, e incluso las normas establecidas, cuando fomentan el actuar criollo.

Por Alfonso Holder

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