Coerción, libertad y tráfico de drogas: Análisis costo-beneficio de la crisis que sacude a México

Desde que Felipe Calderón asumió la presidencia de México en el año 2006 más de 30, 000 personas han muerto en ese país por violencia vinculada al tráfico ilícito de drogas. Para fines didácticos, pasemos a comparar esta cifra con otras correspondientes a conflictos bélicos de reconocida rapacidad. En la guerra del pacífico, por ejemplo, murieron alrededor de 10,000 soldados peruanos y unos 3,000 combatientes chilenos; por su parte, en el conflicto recientemente acaecido en Irak perecieron alrededor de 4,000 norteamericanos. Es decir, puede afirmarse que el narcotráfico en México es comparable en ferocidad y en violencia con una situación de guerra.

Por si fuera poco, hay que tener en cuenta que la clase política en México se ha visto especialmente mermada por este espiral de violencia. En total han sido asesinados doce alcaldes mexicanos y, recientemente, se ha abatido también al gobernador del estado costanero de Colima. Asimismo, debe reconocerse que esta coyuntura no implica un conflicto bilateral entre el crimen organizado y las fuerzas armadas y policiales del estado sino que supone una serie de venganzas y feudos incesantes entre doce carteles principales y una cantidad innumerable de organizaciones criminales más pequeñas. En algunas comarcas (como Ciudad Juárez ubicada en la frontera con los Estados Unidos) la autoridad gubernamental es prácticamente nula y, por doquier, se respira un aire de desgobierno casi anárquico. Pareciera que México estuviera a punto de convertirse en un estado fragmentario y fallido.

Tomando distancia de estos acontecimientos sangrientos, creo imperativo que se realice un análisis costo beneficio crítico de esta “guerra contra las drogas”. Actualmente, la política internacional de Washington dispone el combate contra el narcotráfico como una necesidad dogmática. Sin embargo, a mi parecer resulta evidente que los beneficios derivados de aquella no son comparables, aunque sea mínimamente, con el costo económico, social y humano que ésta supone. Por ejemplo, un general del ejército mexicano estima que, cuando se erradica un lote donde se cultiva marihuana éste es rehabilitado para la producción de narcóticos un promedio de dos meses después de la intervención militar. Asimismo, debe tomarse en cuenta que a pesar de que la cantidad de droga incautada y los arrestos vinculados al narcotráfico van en aumento los incidentes violentos vinculados al mismo no han disminuido. Es decir, al menos en México, la ofensiva militar y policial para erradicar el consumo y la comercialización de drogas constituye un fracaso rotundo.

Ante esta crudeza: ¿cuál es el proceder más inteligente? Supongo, que muchos argumentarán que combatir a las drogas es una necesidad de tipo principista. Ellos podrían sostener que, como el narcotráfico, el robo, la violación y el asesinato son delitos desmedidamente comunes pero, que esto no puede utilizarse como un argumento para justificar su despenalización. Sin embargo, yo preferiría enfatizar el tema desde el punto de vista de la responsabilidad individual. Por lo general, la víctima de un delito padece por las acciones coercitivas de terceras personas que no buscan ni su aprobación ni su consentimiento. El ladrón, por ejemplo, no le pregunta a sus víctimas si es que ellas desean ser robadas; mientras que el violador procede en su accionar sin consultarle el tema a la contraparte. Es decir, podría argumentarse que los delitos tienen un carácter que es esencialmente coercitivo.

La compraventa y el consumo de drogas funcionan, naturalmente, de otra manera. El consumidor se pone en contacto con un proveedor y voluntariamente decide adquirir el producto mediante una transacción que ambas partes consideran un juego que no suma cero. Es decir, muy pocos compran, venden o consumen narcóticos contra su voluntad.

Desde este punto de vista urge preguntarse: ¿es legítimo que se considere delictivo un trato voluntario entre seres humanos adultos? En tal caso, cada uno debería ser responsable de sus propias acciones sin que el intervencionismo del estado ocasione la pérdida de 30,000 vidas en un afán de tipo principista. Invito a todos los lectores e reflexionar sobre esto.

Artículo por Lucas Ghersi Murillo

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4 respuestas a Coerción, libertad y tráfico de drogas: Análisis costo-beneficio de la crisis que sacude a México

  1. Alexander Natanson dijo:

    La intervención del estado al criminalizar a los que dan la oferta y no a los que mantienes la demanda, crea un incentivo de producción al incrementar el precio del narcótico. El mismo juego se viene repitiendo desde que comenzó la guerra contra las drogas. Como resultado mucha gente se sigue acecinando en el negocio mas peligroso del mercado para poder conseguir los dólares los pudientes que controlan la demanda. Y todo se empeora con la compra licita de metralletas bajo la excusa de la derecha radical apoyado la segunda enmienda de su constitución. Realmente necesitan metralletas M16 o granadas para defender sus casas?

  2. Ataucuri García dijo:

    Todo es cuestión de sentido común. El motor que mueve todo el narcotráfico es la demanda, es la ley del mercado. Sin demanda se cae la producción y toda la maquinaria narcotraficante. Entonces, la solución parte desde esta óptica. ¿Por qué se hacen tantas bolas? Los esfuerzos y dinero invertido en la persecusión de los productores se deben reinvertir en anular el consumo. Allí está la madre del cordero. A muchos les conviene que la producción sea escasa para que -por ley del mercado- los proveedores tengan grandes ganancias. Si no te toma en cuenta ésto, todos los esfuerzos por combatir las secuelas del narcotráfico están demás.

  3. Yo considero que el meollo del asunto consiste en medir bien los riesgos que el narcotráfico implica. Si bien las drogas ilegales puden causarle un grave daño a quien las consume (como también pueden hacerlo substancias legales como el alcohol o el tabaco) el principal problema radica en que la “guerra contra las drogas” incentiva a los narcotraficantes a que organizen ejércitos privados, acumulen armas y realicen acciones que dañan a terceras personas que son inocentes. (es decir que ni consumen drogas,, ni las venden ni quieren tener nada que ver con el asunto). Por eso, considero que la alternativa más sensata a este problema es la simple despenalización de las drogas ilegales de tal modo que el costo social de las drogas las paguen solamente los usuarios irresponsables y no personas que no han cometido falta alguna. Sin embargo, también comprendo que, dada la coyuntura política actual, esta no es sino una posibilidad muy distante dado a que muchos líderes políticos alrededor del mundo perciven el tema de las drogas desde une perspectiva estrecha y dogmatista. Gracias por comentar,
    Lucas Ghersi Murillo

  4. lucero dijo:

    Acerca de esto, es completamente evidente que el tema es sumamente controversial. Por un lado radica el daño que el narcotráfico causa a terceros inocentes y por otro el tema de la ley. Si bien es cierto la compra de drogas no tiene que ver absolutamente nada con la coerción, la cual es la esencia de los delitos que, por ser vistos con usual incidencia, no dejan de ser no sólo coercitivos sino que amenazantes al desarrollo de un país; hablamos de que justamente es esto último lo que la hace un acto delictivo. Amenazar el desarrollo de un país claramente debe ser visto como un delito, y por lo tanto, tratado como tal. El tema de la despenalización de la venta y consumo de drogas es verdaderamente controversial, pero la solución no está en desacerse de ellas convirtiéndolas ante la ley como un acto natural, sino en tomar las medidas necesarias para erradicarlas.

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