La globalización: ¿Beneficio o condena?

El mundo entero ha sobrellevado y está sufriendo cambios que generan, en algunos, un carácter de optimismo y en otros de indignante desconcierto.  Esto se debe a un fenómeno relativamente reciente al que todos conocemos como globalización y que está llegando, inevitablemente, a nuestro país, debido a la tendencia por abrir nuestro mercado, pues, este Domingo se firmará el TLC con Japón.  La globalización tiene, indudablemente, beneficios extraordinarios para los consumidores; sin embargo, ha recibido fuertes críticas, especialmente, nacionalistas.  Entonces aquí reaparecen concepciones de revoluciones antiguas antiimperialistas, emerge el recelo por parte de los pobladores y de las MYPES y el temor al dominio de las grandes corporaciones y de las potencias mundiales, no solo desde un ámbito económico, sino también cultural.  Entonces, surgen aquí algunas preguntas: ¿está listo el Perú para sobrellevar la globalización ¿Supone acaso este proceso perder nuestra cultura?  ¿Qué beneficios podría traer una globalización?  En este artículo intentaré, brevemente, responder estas preguntas.

Sería absurdo decir que la globalización no trae ningún beneficio, en especial para el consumidor.  Es gracias a este fenómeno que los peruanos podemos acceder a un sinnúmero de productos del extranjero dándole al consumidor la capacidad de elegir entre una mayor variedad de estos, desde alimentos hasta automóviles.  Más aún, la globalización permite la posibilidad de obtener productos a menores precios que, de ser nacionales, tendrían un costo mayor.  Esto se debe principalmente a un factor de eficacia; es decir, un país que tiene mejores condiciones para producir un bien determinado lo podrá hacer a un menor precio y, por lo tanto podrá venderlo también a un precio reducido.  No obstante, surge aquí un problema que constituye las principales críticas a la globalización que es el peligro que representan las empresas extranjeras para los productores domésticos; la creencia de que estamos condenados a sucumbir ante las grandes potencias económicas.  Sin embargo, la base de este temor es fundamentalmente la baja productividad de los productores peruanos, lo que no permite una competitividad equitativa.  Finalmente, la entrada de empresas extranjeras supone un beneficio tremendo para el consumidor en desmedro de algunos productores ineficaces.

El mismo temor a la empresa dominante surge desde el ámbito cultural.  Se cree que con la globalización el país adoptará las costumbres de las culturas “dominantes” o que ocurrirá, inexorablemente, una homogenización cultural; es decir,  se cree que somos una población de carácter mimético.  Sin embargo, considero que esto es una terrible subestimación a la autonomía del individuo.  Si bien la sociedad influye enormemente las tendencias de las personas, el individuo tiene la capacidad, en base a sus propias experiencias, de resignificar todo aquello que percibe.  Tomemos como ejemplo la religión.  En el Perú podemos notar un sincretismo arraigado en los principales rituales religiosos, como lo es la procesión del señor de los milagros, y no vemos un reflejo puro de lo que era el catolicismo de los conquistadores.  Según las investigaciones de Ludwig Huber hechas en Ayacucho “los impactos culturales globalizadores se resignifican, se mezclan o heterogéneamente generan productos y estilos de vida nuevos o híbridos…”.  Huber pone como ejemplo también la “macdonalización” en la que se creía que la llegada de la comida rápida del Mc Donald’s conllevaría el desplazamiento de la comida peruana a un segundo plano o a una total erradicación.  Sin embargo, no es necesario ser un especialista en gastronomía para darse cuenta de que esto está muy lejos de ser verdad.  El Mc Donald’s y la comida peruana subsisten paralelamente sin inconveniente alguno.  Por lo tanto, la globalización no significa perder nuestra cultura, pues eso supone subestimar la capacidad racional del individuo, pero sí supone algunos cambios culturales inevitables.  No obstante, sería absurdo considerar que la cultura es un aspecto inerte de la sociedad.  Ésta cambiara perpetuamente, independientemente a la globalización.

La globalización se presenta como una oportunidad para que el Perú se integre al mundo cultural y económicamente.  Sin embargo, considero que en términos de competitividad aún no estamos preparados para este fenómeno puesto que los productores peruanos aún no tienen un nivel de productividad lo suficientemente elevado.  Por lo tanto, es inevitable la perdida de muchas MYPES debido a la globalización.  No obstante, esto sería indudablemente beneficioso para los consumidores ya que estos podrán acceder a productos de mayor calidad y variedades a menores precios mediante la apertura del mercado.  Asimismo, la llegada de empresas extranjeras significa una mayor cantidad de puestos de trabajo, lo que representa una posible solución para el problema de desempleo, claro está, con las regulaciones pertinentes para proteger a los trabajadores.  Más aún, culturalmente, la globalización no supone riesgo alguno.  Es por ello que, independientemente a cualquier temor nacionalista o antiimperialista,  considero que la globalización beneficiará al Perú, pero debe tratársele con cuidado.

-Por Renán Ortega Olivera

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