¿En qué consiste el liberalismo?

Los acontecimientos más recientes de la política nacional confirman una tendencia muy antigua según la cual a los peruanos les encantan los caudillos.  Ahora bien, cabe precisar cuál es el elemento central que hace que determinada persona sea o no un caudillo.  Por lo general, se suele representar a estos personajes como militares valerosos y solemnes que poseen ángulos megalomaniacos y llegan al poder, normalmente, mediante un golpe de estado.  Sin embargo, la historia nos demuestra que estas apreciaciones no son, necesariamente, verdaderas.  Personajes como Alberto Fujimori, Augusto B. Leguía o Salvador Allende (por ejemplo) fueron civiles que tras ser electos, limpia y democráticamente, desconocieron el orden constitucional para gobernar luego de manera despótica.  En cambio, uno podría precisar que la característica esencial en un caudillo no su profesión, ni la manera en que llegó al poder sino el conjunto de actitudes que éste tiene con respecto al conocimiento.  Me explico, todos los caudillos, sin excepción alguna, son personajes que se creen extremadamente sabios.  Cuando un caudillo comete un error, por ejemplo, normalmente no asumirá la culpa del mismo sino que buscará un chivo expiatorio en el cual descargar su furia. (Piénsese en la relación de Adolfo Hitler con el pueblo judío pero también en la de Hugo Chávez con respecto al “imperialismo yanqui”)  Asimismo, dado que el caudillo pretende poseer un conocimiento certero acerca de casi todas las cosas, este será muy proclive a regular el comportamiento de los demás según lo indiquen sus ocurrencias, instintos o caprichos.  Durante la “revolución peruana”, por ejemplo, el general Velasco Alvarado pretendió que los peruanos dejen de festejar navidad utilizando imágenes de Papa Noel porque consideraba que éste era un agente de alienación proveniente de Norteamérica.  Asimismo, en la China, Mao Zedong intentó erradicar la milenaria cultura de su país (que consideraba decadente) y sustituirla por otra que él mismo había inventado basándose en principios “comunistas”.  Ahora bien, resulta evidente, que estos personajes mesiánicos son sumamente peligrosos ya que, de llegar al poder, buscarán imponer su visión del mundo sobre todos los ciudadanos incluso mediante el uso de la fuerza.

Por lo tanto, considero indispensable que todas las personas, y en particular los latinoamericanos, desarrollemos una doctrina más o menos sólida que nos permita defendernos de los caudillos y sus secuaces de manera sistemática y efectiva.  Ésta es, precisamente, aquello que yo llamo liberalismo.  Ahora bien, así como el caudillismo parte de una postura epistemológica determinada (es decir, aquella según la cual un individuo puede acumular tal cantidad de conocimiento como para gobernar despóticamente sobre aquellos que saben menos) es evidente que el liberalismo se fundamenta a sí mismo aludiendo a la tesis contraria.  Es decir, para los liberales, el conocimiento es, por naturaleza, de carácter provisional.  Un liberal, por ejemplo, jamás tendrá la pretensión de planificar la vida privada de los demás porque no se sentirá lo suficientemente sabio como para hacerlo.  Por el contrario, éste admitirá que algunas de las instituciones más memorables y efectivas con que contamos (la moneda, el lenguaje, el derecho y la democracia por ejemplo) no son el designio inteligente de algún genio que planifica sino el resultado espontáneo y gradual de la acción humana colectiva a través de los siglos.  Para los liberales, los buenos resultados no se consiguen imponiendo la visión individual que uno tenga acerca del mundo sino experimentando, a través de técnicas de ensayo y error, en colaboración con los demás.  Por ello es que los que defienden esta doctrina se oponen normalmente a la “acción positiva” por parte del estado según la cual se busca mejorar la vida de la gente mediante la regulación, la formulación de nuevos impuestos, cuotas, aranceles, tarifas y demás medidas que impliquen la expansión de un estado centralista a costas de la sociedad civil.

Naturalmente, me es imposible hacer un análisis exhaustivo de todo aquello que implica el liberalismo en un artículo tan corto pero creo, no obstante, que esta corriente les permite a las personas esgrimir la provisionalidad del conocimiento y la admisión de la ignorancia humana (al estilo socrático) como argumentos que anulen las pretensiones de aquellos caudillos en potencia que creen que lo saben todo y ya están planificando, con aires exaltados y mesiánicos, su propia revolución.

Artículo por Lucas Ghersi Murillo

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Una respuesta a ¿En qué consiste el liberalismo?

  1. Estimado Lucas,

    Me permito compartir contigo estas líneas que van en la misma línea que las tuyas (aunque el orden espontáneo hayekiano es algo que admito se me pasó!).

    http://ipdd.wordpress.com/2009/07/10/que-es-el-liberalismo/

    Felicitaciones por el artículo.

    Saludos cordiales,

    Alonso

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