Una reflexión sobre el origen de la pobreza

A lo largo de la historia latinoamericana (y, para tal efecto, también de la historia mundial) los políticos e intelectuales de carácter más sensible han procurado explicar el porqué de la miseria humana. Particularmente en estas latitudes, donde la carencia económica y la desigualdad suelen generar imágenes desgarradoras de miseria nos parece conveniente formular explicaciones que permitan racionalizar el sufrimiento de los más pobres. El problema radica en que algunos intentan hacer esto mediante la enunciación de axiomas simplistas en que se achaca la miseria de un grupo en virtud de las relaciones desiguales que sostiene con otro (que, frecuentemente, es tomado por chivo expiatorio) Por ello es que muchas veces se ha afirmado que “existe la pobreza porque los ricos explotan a los pobres” o que “el Perú es un país pobre porque está vinculado con naciones desarrolladas por vínculos de dependencia.” Asimismo, muchas veces se intenta halagar el orgullo del que sufre mediante presentación de un pasado desmedidamente glorioso (fenómeno que, en el Perú, suele manifestarse mediante la idealización del imperio Incaico). De esta manera, parece que se le dijera al pobre que su condición miserable es un accidente histórico fruto de la explotación de terceras personas mientras que la prosperidad es la condición natural de todo ser humano. Sin embargo, esta manera de concebir el subdesarrollo es bastante simplista y da por ciertas una serie de asunciones fundamentales. Ahora, pasemos revista de algunos hechos a fin de formular una visión alternativa del desarrollo social.

En primer lugar, debe quedar bastante claro que el estado natural del ser humano no es la prosperidad sino la pobreza, o más bien, la indigencia absoluta. Cuando los primeros homo sapiens emergieron de su condición homínida no existían las ciudades o las casas sino que, al contrario, las personas encontraban refugio en cavernas o en cobertizos improvisados. Asimismo, en esta época, nuestra especie no contaba ni siquiera con los conocimientos médicos más rudimentarios; por lo cual se entendía que la vida era un lapso brevísimo que podía interrumpirse fortuitamente por una infección o, inclusive, por un resfriado común. Ahora bien, para ilustrar esta situación tomemos la situación del mundo hace 210 años, es decir en el año 1800. En ese entonces, el país más desarrollado del mundo era Holanda que era sede de un dinámico imperio comercial. Sin embargo, aún en esta sociedad privilegiada las condiciones de vida eran precarias según los estándares contemporáneos. En promedio, los holandeses en 1800 vivían solamente por 40 años y, asimismo, podían gastar solamente el equivalente a 2,659 dólares en un año. (Contrastantemente, los peruanos actuales viven un promedio de 71 años y gastan alrededor de 7,405 dólares cada año). Es decir, el país más rico en 1800 tenía un nivel de vida muy inferior a aquel de un país que es considerado pobre en la actualidad. A partir de estos hechos, podemos inferir que la prosperidad es un fenómeno relativamente reciente mientras que la pobreza no es un accidente histórico sino que ha sido la condición natural bajo la cual el ser humano se ha desenvuelto a lo largo de los últimos 250,000 años.

Por ello, lo que requiere una urgente explicación no es la pobreza sino el desarrollo rampante y vertiginoso de la calidad de vida que se ha llevado a cabo durante la modernidad. Considero que tener este hecho bien presente nos permite afrontar con mayor realismo los retos que afrontan al Perú. Si es que alguien intentase argumentarnos, que el Perú es un país pobre por la culpa de los imperialistas norteamericanos o quizá por el accionar de los conquistadores españoles sabremos que esto es, indudablemente, una imprecisión. No es cierto que todo tiempo pasado hay sido mejor sino que, por el contrario, el genio creativo del ser humano genera una situación en la cual el progreso tecnológico tiende a generar mejores condiciones de vida a medida avanza el tiempo.

Pero, sin embargo, el progreso de la humanidad no deja de ser un camino desigual y áspero. Mientras que en algunos lugares del mundo la calidad de vida ha mejorado notablemente, en otros lares (y particularmente en el África Subsahariana) el ser humano continúa viviendo como lo ha hecho durante milenios; es decir sumido en una gran pobreza. Lo esencial radica en que los países menos desarrollados permitan que la inteligencia creativa de sus ciudadanos genere la riqueza suficiente como para erradicar la tradicional miseria que han venido arrastrando.

Artículo por Lucas Ghersi Murillo

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Una respuesta a Una reflexión sobre el origen de la pobreza

  1. Gary Gonzales dijo:

    Hola Lucas:
    Es interesante ver tu enfoque sobre el origen de la pobreza. Sin embargo, creo que este es un tema muy amplio y muy delicado como para escribir en un artículo, pues se corre el riesgo de generalizar en exceso y de caer en un simplismo abismal.
    Creo que son muchas las razones que conllevan a la pobreza. Y si bien la razón que se cita más frecuentemente es imprecisa, la otra razón que mencionas solo cubre una parte más del asunto.
    Afirmar que la condición natural del hombre es la miseria, a mi parecer, es muy exagerado y apresurado. Que en algún momento, no hubo otra realidad que la miseria por falta de tecnología y evolución del pensamiento es una cosa. Otra MUY diferente es afirmar que nuestro estado natural es la pobreza.
    Efectivamente, hemos evolucionado y en la actualidad algunos sectores cuentan con esta “prosperidad rampante” que mencionas, pero esto indica que hay otra opción a la pobreza, otra realidad donde el individuo puede sufrir menos y que le corresponde por su calidad de “ser humano”.
    Cualquier ser racional puede imaginar un mundo sin sufrimiento que le corresponde por dignidad humana. Hasta llegar a ese mundo, tenemos que descubrir las formas para que el sufrimiento se reduzca. Lástimosamente, muchos grupos, en distintas etapas de la historia han impedido que esto ocurra, solo para generar su propio beneficio. Ahí, es donde calza el argumento impreciso que mencionas.

    Según mi parecer, ninguna persona debería sufrir en vano. Y este sufrimiento es en vano cuando hay otra opción de vida, una más próspera como dices. Y como te mencioné, no siempre la pobreza se debe a la falta de desarrollo personal, sino al impedimento que causa alguien más para asegurarse un beneficio propio.

    ¡Que tengas bonita semana, Lucas!
    Nos vemos
    Gary Gonzales

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